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REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
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Manuel
Domínguez Moreno
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| Los
intereses creados |
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El
tráfico de influencias, la información privilegiada, la estafa
y el fraude sistemáticos, la corrupción misma no sería posible
sin la existencia de corruptos, sin la complicidad de unos
políticos que se dejan sobornar y que se venden al mejor postor
en perjuicio de los administrados, derrochando la credibilidad
del sistema democrático y emporcando el Estado de Derecho
hasta reducirlo a una simple farsa, un lodazal donde es imposible
la transparencia y no existen garantías jurídicas. Si alguna
vez alguien puede hablar de Estado fallido — una expresión
que, por otra parte, detesto, sobre todo por sus connotaciones
capitalistas e imperialistas—, éste es sin duda aquel en el
que la corrupción ha anulado cualquier atisbo de libertad,
independencia y legalidad. La Operación Malaya y el cierre
por corrupción del Ayuntamiento de Marbella ha puesto de manifiesto
que por mucha salud democrática de la que disfrute un país,
si se relajan los mecanismos de control y se instala en la
política y en la convivencia cotidiana el todo vale, desaparece
el imperio de la ley y florecen el crimen y las mafias. Algunos
de los empresarios detenidos en la Operación Malaya fueron
localizados por la policía en República Dominicana, un país
que lucha por salir de una crisis generada por la corrupción
del anterior Gobierno y que busca la fortaleza democrática
e institucional que le hagan ganar credibilidad y confianza
en la esfera internacional. Desde esta perspectiva no acaban
de entenderse las palabras de la embajadora de España en Santo
Domingo, Almudena Mazarrasa, cuando alza su voz —que no es
suya, que es prestada por el Gobierno español— y advierte
al Gobierno dominicano de que está obstruyendo la inversión
extranjera porque no existen garantías jurídicas ni transparencia
a causa de las malas prácticas de la administración del Estado.
Causa estupor la vehemencia en sus críticas, por un lado,
y la pasividad en poner en práctica lo que denuncia, por otro,
de la representante diplomática española, de quien se ha llegado
a insinuar que defiende intereses particulares. ¿Cómo es posible
descubrir la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?
Haría bien la embajadora Mazarrasa en utilizar las competencias
plenipotenciarias de la legación para identificar y denunciar
a los empresarios españoles implicados en la Operación Malaya
que después de saquear las arcas municipales buscan un refugio
dorado en República Dominicana, donde supuestamente blanquean
el dinero negro y allí siguen operando. Por acción u omisión,
en la lucha contra la corrupción estamos implicados todos
y no caben actitudes tibias o, incluso, complacientes con
determinadas situaciones. Seguro que a la embajadora no se
le pasan por alto las visitas que hace a La Romana Felipe
González e informa de ellas a las autoridades dominicanas
como es su obligación, aunque no sepa a ciencia cierta si
el ex presidente va allí a dar valiosos consejos o a hacer
negocios. No le faltan valedores a Felipe. Cuando todo el
mundo le echa en cara su afán protagonista — Irán, Congo,
etc.— nada más y nada menos que Cayetana Fitz James Stuart,
la duquesa de Alba, añora su gestión en el Gobierno. Aristócratas
y descamisados de la mano con un coro de jornaleros glosando
con grandes alabanzas la reforma agraria que nunca existió
mientras que los corruptos de Marbella hacen palmas y olés
y brindan con vino español.
www.manueldominguezmoreno.net
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