Número.1815 - 18 septiembre 2006

 

   REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
Manuel Domínguez Moreno
Los intereses creados
MANUEL DOMÍNGUEZ MORENO
El tráfico de influencias, la información privilegiada, la estafa y el fraude sistemáticos, la corrupción misma no sería posible sin la existencia de corruptos, sin la complicidad de unos políticos que se dejan sobornar y que se venden al mejor postor en perjuicio de los administrados, derrochando la credibilidad del sistema democrático y emporcando el Estado de Derecho hasta reducirlo a una simple farsa, un lodazal donde es imposible la transparencia y no existen garantías jurídicas. Si alguna vez alguien puede hablar de Estado fallido — una expresión que, por otra parte, detesto, sobre todo por sus connotaciones capitalistas e imperialistas—, éste es sin duda aquel en el que la corrupción ha anulado cualquier atisbo de libertad, independencia y legalidad. La Operación Malaya y el cierre por corrupción del Ayuntamiento de Marbella ha puesto de manifiesto que por mucha salud democrática de la que disfrute un país, si se relajan los mecanismos de control y se instala en la política y en la convivencia cotidiana el todo vale, desaparece el imperio de la ley y florecen el crimen y las mafias. Algunos de los empresarios detenidos en la Operación Malaya fueron localizados por la policía en República Dominicana, un país que lucha por salir de una crisis generada por la corrupción del anterior Gobierno y que busca la fortaleza democrática e institucional que le hagan ganar credibilidad y confianza en la esfera internacional. Desde esta perspectiva no acaban de entenderse las palabras de la embajadora de España en Santo Domingo, Almudena Mazarrasa, cuando alza su voz —que no es suya, que es prestada por el Gobierno español— y advierte al Gobierno dominicano de que está obstruyendo la inversión extranjera porque no existen garantías jurídicas ni transparencia a causa de las malas prácticas de la administración del Estado. Causa estupor la vehemencia en sus críticas, por un lado, y la pasividad en poner en práctica lo que denuncia, por otro, de la representante diplomática española, de quien se ha llegado a insinuar que defiende intereses particulares. ¿Cómo es posible descubrir la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio? Haría bien la embajadora Mazarrasa en utilizar las competencias plenipotenciarias de la legación para identificar y denunciar a los empresarios españoles implicados en la Operación Malaya que después de saquear las arcas municipales buscan un refugio dorado en República Dominicana, donde supuestamente blanquean el dinero negro y allí siguen operando. Por acción u omisión, en la lucha contra la corrupción estamos implicados todos y no caben actitudes tibias o, incluso, complacientes con determinadas situaciones. Seguro que a la embajadora no se le pasan por alto las visitas que hace a La Romana Felipe González e informa de ellas a las autoridades dominicanas como es su obligación, aunque no sepa a ciencia cierta si el ex presidente va allí a dar valiosos consejos o a hacer negocios. No le faltan valedores a Felipe. Cuando todo el mundo le echa en cara su afán protagonista — Irán, Congo, etc.— nada más y nada menos que Cayetana Fitz James Stuart, la duquesa de Alba, añora su gestión en el Gobierno. Aristócratas y descamisados de la mano con un coro de jornaleros glosando con grandes alabanzas la reforma agraria que nunca existió mientras que los corruptos de Marbella hacen palmas y olés y brindan con vino español.

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