Número.1815 - 18 septiembre 2006

 

   LA VENTANA DISCRETA
SANTIAGO LÓPEZ CASTILLO
La casquería
Cuando comprobé en la primera jornada de Liga que el partido de turno sólo se televisaría previo pago, yo que no le pago ni medio penique a Polanco por más que los tenga a espuertas, y aun a sabiendas de que en su día Juan Luis Cebrián, me ofreció inaugurar El País, pero obligándome a dejar TVE, aunque lo más grave, con el paso del tiempo, fue comprobar el sectarismo de este grupo mediático a los periodistas que nos consideramos liberales, pues opté, aquella noche yaciente de agosto, huérfana de tuercebotas, por ver uno de esos programas del corazón, vísceras y demás casquerías. Esos mismos que, según las encuestas, nadie ve porque todo el mundo mira los documentales de La 2. Mentira podrida. El espacio, conducido por un presentador algo sieso y corto en ademanes, semejaba una jaula de grillos. A saber: había un joven o jóvena, al decir de un joya en bruto socialista, que gritaba con voz de pitiminí y exhibía pelo a lo David Crocket. Luego, otras féminas o lo que fueran o fuesen, en escotes con canalillo al sol concluyendo en apretujadas bimbas (¿también quieren ser estrellas?), mostraban su erudición sobre polvos pica-pica, pajas mentales y de las otras, y cuernos de las más diversas ganaderías. También había, recuerdo, una cronista con ojos saltones, mismamente de rana, que sentaba cátedra y hasta daba asco mirarla. Supongamos que toda aquella recua hablaba de Marbella… Y salía la Pantoja, y dale con la Pantoja. Y la Carmina Ordóñez, raya.com, R.I.P., y la última mujer del bailarín sin cuello a la que, al parecer, la calentaba de aquella manera. Y venga con los juzgados y las querellas criminales, pactadas, una semana en esta cadena, mañana en la otra, y tiro porque me toca, viva la pasta gansa. Hasta que, en una de esas, se asomó a la pantalla una excelsa buscona en dimes y diretes, de profesión oportunista y trincona. Mostró su arrepentimiento por las perversidades que profirió contra Carmina Ordóñez, pobrecita, la única mujer del mundo que se pasó la vida sin trabajar y a lo más que llegó fue bajarse al moro y darse meneitos en el pelo. Luego, el populacho estaba representado en las gradas que aplaudía o abucheaba según fuera la orden del regidor (lejos del campo de las cámaras), siguiendo a pies juntillas el morbo del guión. Y allí estaba una rubia mandona que inquiría verdades como puños cuando se pasó meses metiendo trolas y jugado con la sensibilidad de unos padres como Albano y Romina Power. Asimismo, vi a una locuaz gitana que se ha convertido en abogada defensora de la gitana grande de Julián Muñoz, ese señor que de camarero llegó a alcalde y de alcalde a Alhaurín de la Torre, como alumno aventajado del tío Gilito. Faltó en aquella noche huérfana de goles, conculcando la ley de “interés general”, que hizo Cascos, pero que no la cumple ni dios, aunque, casualmente (?), estaba su ex mujer alimentando el vociferio. A la mañana siguiente, la señora del supermercado, tenía los ojos como platos. No sé si de ver lo que vio en aquella madrugada prolongada o por no poder ganar en un plis plas lo que ganan estas carroñeras televisivas de un certero picotazo. No es de extrañar que el profesor Bernabé Tierno me venga advirtiendo: “¿Sabes lo que dicen los niños a sus papás? Pues que yo quiero ser Boris”. Y se bajan los pantalones”. Televisión por culo. Eso.

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