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REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
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Manuel
Domínguez Moreno
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| Los
vértices del nuevo socialismo |
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No
entiendo las críticas que algunos intelectuales reaccionarios
adscritos al liberalismo más feroz, al capitalismo económico
y a la globalización política y financiera vierten sobre todos
aquellos que desde una actitud de compromiso social sueñan
con la libertad e independencia de la mano del nuevo socialismo,
con una revolución de las conciencias que haga al hombre más
digno de ser hombre y que a todos nos iguale en nuestra condición
humana. Le ha pasado al Nobel de Literatura Günter Grass después
de confesar su adscripción voluntaria a la Waffen-SS cuando
era un adolescente de 17 años. Al comprometido escritor alemán,
icono de la izquierda y símbolo del hombre-pueblo, no le echan
en cara su pasado nazi —pecados de juventud, dicen— sino su
ideología, su conciencia, su coraje, su ética revolucionaria,
su apuesta por el cambio y el diálogo, su talante insobornable.
Su trasnochada confesión —han pasado 60 años— lo único que
evidencia es el tremendo dilema moral en que se ha desarrollado
gran parte de su existencia. Estos intelectuales partidarios
de las dictaduras privadas ven con malos ojos que los que
no han renunciado al compromiso aunque no esté de moda — les
gusta pensar que murió con Sartre— sean partidarios de crear
un espacio en Latinoamérica, tanto político como social, económico
y cultural, al margen del capital y del neocon, sin depender
de Estados Unidos, un espacio propio de libertad donde plasmar
la auténtica dimensión revolucionaria del hombre-pueblo. Se
equivocan y su hipocresía deja al aire sus vergüenzas ideológicas
y su miseria moral, su falsa conciencia, su adoración del
dinero, al que idolatran, su ansia de poder y su desprecio
por la democracia y la transparencia. Ése es el nuevo socialismo
que encarna José Luis Rodríguez Zapatero y por el que luchan
ahora en Europa Tarja Halonen, la presidenta de Finlandia
que ejerce durante este semestre la presidencia de turno de
la Unión; Ségolène Royal, precandidata socialista a la Presidencia
de la República Francesa, o María Teresa Fernández de la Vega,
vicepresidenta del Gobierno español que también encarna el
nuevo socialismo de Zapatero. Estas tres mujeres con poder
me confesaban, cuando he tenido oportunidad de entrevistarlas,
que el proyecto editorial de CAMBIO, tanto en Europa como
en Latinoamérica, al utilizar el idioma como nexo de unión
y seña de identidad, contribuye a la integración de los movimientos
migratorios, y lo decían desde el convencimiento y la admiración
por esta cabecera decana. Ese esfuerzo editorial de CAMBIO
por la integración no difiere mucho del que asume la nueva
izquierda que representa al hombre- pueblo en Latinoamérica.
La que encarna Hugo Chávez o Evo Morales. La que impulsa programas
sociales, asistenciales, sanitarios y educativos por todo
el Cono Sur. La que ofrece petróleo a pagar en 20 o 30 años
a un tipo de interés irrisorio y con la posibilidad de saldar
deudas con productos autóctonos. ¿Quieren más ejemplos? Ahí
tienen la nueva China surgida de las cenizas de la revolución
cultural maoísta, el gigante económico de oriente que hace
que se tambalee el capitalismo. Es otro vértice más, salvando
las distancias, del nuevo socialismo. De modo que, a pesar
de los agoreros, aún nos queda una esperanza, tenemos todavía
una revolución pendiente. Sabemos que otro mundo más justo,
más libre, más sostenible e igualitario es posible. No nos
podemos permitir el lujo de un nuevo fracaso.
www.manueldominguezmoreno.net
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