Número.1814 - 11 septiembre 2006

 

   REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
Manuel Domínguez Moreno
Los vértices del nuevo socialismo
MANUEL DOMÍNGUEZ MORENO
No entiendo las críticas que algunos intelectuales reaccionarios adscritos al liberalismo más feroz, al capitalismo económico y a la globalización política y financiera vierten sobre todos aquellos que desde una actitud de compromiso social sueñan con la libertad e independencia de la mano del nuevo socialismo, con una revolución de las conciencias que haga al hombre más digno de ser hombre y que a todos nos iguale en nuestra condición humana. Le ha pasado al Nobel de Literatura Günter Grass después de confesar su adscripción voluntaria a la Waffen-SS cuando era un adolescente de 17 años. Al comprometido escritor alemán, icono de la izquierda y símbolo del hombre-pueblo, no le echan en cara su pasado nazi —pecados de juventud, dicen— sino su ideología, su conciencia, su coraje, su ética revolucionaria, su apuesta por el cambio y el diálogo, su talante insobornable. Su trasnochada confesión —han pasado 60 años— lo único que evidencia es el tremendo dilema moral en que se ha desarrollado gran parte de su existencia. Estos intelectuales partidarios de las dictaduras privadas ven con malos ojos que los que no han renunciado al compromiso aunque no esté de moda — les gusta pensar que murió con Sartre— sean partidarios de crear un espacio en Latinoamérica, tanto político como social, económico y cultural, al margen del capital y del neocon, sin depender de Estados Unidos, un espacio propio de libertad donde plasmar la auténtica dimensión revolucionaria del hombre-pueblo. Se equivocan y su hipocresía deja al aire sus vergüenzas ideológicas y su miseria moral, su falsa conciencia, su adoración del dinero, al que idolatran, su ansia de poder y su desprecio por la democracia y la transparencia. Ése es el nuevo socialismo que encarna José Luis Rodríguez Zapatero y por el que luchan ahora en Europa Tarja Halonen, la presidenta de Finlandia que ejerce durante este semestre la presidencia de turno de la Unión; Ségolène Royal, precandidata socialista a la Presidencia de la República Francesa, o María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno español que también encarna el nuevo socialismo de Zapatero. Estas tres mujeres con poder me confesaban, cuando he tenido oportunidad de entrevistarlas, que el proyecto editorial de CAMBIO, tanto en Europa como en Latinoamérica, al utilizar el idioma como nexo de unión y seña de identidad, contribuye a la integración de los movimientos migratorios, y lo decían desde el convencimiento y la admiración por esta cabecera decana. Ese esfuerzo editorial de CAMBIO por la integración no difiere mucho del que asume la nueva izquierda que representa al hombre- pueblo en Latinoamérica. La que encarna Hugo Chávez o Evo Morales. La que impulsa programas sociales, asistenciales, sanitarios y educativos por todo el Cono Sur. La que ofrece petróleo a pagar en 20 o 30 años a un tipo de interés irrisorio y con la posibilidad de saldar deudas con productos autóctonos. ¿Quieren más ejemplos? Ahí tienen la nueva China surgida de las cenizas de la revolución cultural maoísta, el gigante económico de oriente que hace que se tambalee el capitalismo. Es otro vértice más, salvando las distancias, del nuevo socialismo. De modo que, a pesar de los agoreros, aún nos queda una esperanza, tenemos todavía una revolución pendiente. Sabemos que otro mundo más justo, más libre, más sostenible e igualitario es posible. No nos podemos permitir el lujo de un nuevo fracaso.

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