Número.1805 - 10 julio 2006

 

   REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
Manuel Domínguez Moreno
La paz es el camino
MANUEL DOMÍNGUEZ MORENO
No hay caminos para la paz porque la paz es el camino, decía Gandhi. La declaración de Zapatero anunciando el comienzo del diálogo con ETA, no por esperada menos relevante, supone el principio del fin de la violencia y una esperanza cierta de paz respaldada por todos menos por el PP, cuyos dirigentes, algún día, cuando la historia les exija rendir cuentas, deberán explicar por qué se opusieron a transitar por el único camino posible para acabar con más de tres décadas de terror y alcanzar la normalización de la convivencia ciudadana, el fin del tiro en la nuca y la extorsión y el comienzo de una hora en la que cada uno pueda expresar libremente su opinión y defender su alternativa política sin temor a dejarse la vida en el intento. El presidente del Gobierno, que no ha faltado a su palabra desde que ganó las elecciones, a quien el poder, al contrario de lo que les ha ocurrido a otros, no ha conseguido cambiarlo por ahora, lo ha dejado clarísimo: no se pagará ningún precio político por la paz. Es más, hizo mención expresa a la Constitución y al marco legal que ampara la vía política y a todos los que defienden sus opciones dentro de un Estado de Derecho, comprometiéndose, eso sí, a respetar la voluntad popular, que es donde reside la soberanía nacional, como ha ocurrido en Cataluña y como sucederá en el resto del mapa autonómico español donde se vertebra un Estado de corte federal que vendrá a sustituir al viejo, y ya inservible por desgastado, mapa autonómico de la transición, aquél del café para todos. Los vascos, como no podía ser de otra manera, tendrán su oportunidad de decidir su futuro sin violentar las reglas democráticas, como debe ser. Y Batasuna, y todo lo que representa, va a estar presente en este proceso porque así lo quiere el entorno abertzale y porque así lo han manifestado sus dirigentes al apostar claramente por la vía política. El resto vendrá poco a poco y no sin sobresaltos porque, también lo volvió a recordar Zapatero, el camino será largo, duro y difícil, y puede que incluso al final cunda el desánimo o no lleve a ninguna parte, pero lo que está claro es que es preciso intentarlo, al igual que lo han intentado con la misma convicción, con idéntico empeño que en estos momentos todos los que han tenido responsabilidades de gobierno, fueran de un partido o de otro. Y en el momento histórico de las grandes declaraciones, por encima de cualquier otra consideración, en primer lugar, las víctimas, porque este camino se inicia precisamente por ellas, por su memoria y por su razón. Y si algún crispado representante de las víctimas persiste en el exabrupto, la descalificación y la crispación, si se empecina en una violencia que ya nadie quiere, que se presente a las próximas elecciones con su intransigencia y deje a este colectivo en paz de una vez por todas porque en verdad ya no representa a nadie. Lástima que el PP se haya autoexcluido de un proceso de paz que cuenta con el respaldo internacional unánime, empezando por Chirac y Blair, que saben muy bien de lo que estamos hablando. El PP debería estar ahí para garantizar precisamente que no se paga ningún precio político. Sin embargo, su actitud le deslegitima a la hora de la oposición y de la crítica. Afortunadamente, el talante de Zapatero no les va a dar la espalda y la mano tendida continuará mientras se avance. Todos los ciudadanos de bien merecemos esta oportunidad. La paz es el único camino.

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