Número.1804 - 03 julio 2006

 

Ramón Vilaró
Maragall, prejubilado
La decisión del presidente socialista Pasqual Maragall de no presentarse en las próximas elecciones, probablemente para el 22 de octubre, supone un caso de jubilación anticipada, al que nos tienen tan acostumbrados muchas empresas españolas y multinacionales cuando no les salen las cuentas y deciden reestructurarse, o irse a otra parte, y aplican inamovibles reducciones de plantilla que siempre incluyen prejubilaciones. A nadie escapa que Maragall tenía aún un largo recorrido como líder político, a pesar de sus luces y sombras, como cualquier persona, se dedique o no a la política. Pero han sido sus propios compañeros de partido quienes han decidido darle el pase, en aras de una renovación generacional y, sobre todo, en base a la siempre tradicional lucha en las filas socialistas catalanas entre los partidarios, por ponerle siglas, de una línea más de Partit Socialista de Catalunya (PSC), o los seguidores de una tendencia mas afín al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que ha ido cohabitando desde siempre en el partido PSC/PSOE, que no deja de ser una extensión de lo que se cuece y decide en la calle Ferraz, la sede central del partido socialista. Maragall, en medio de la soledad del corredor de fondo, ve como de nada le han valido sus éxitos del pasado, desde la lejana alcaldía de Barcelona, la organización de los Juegos Olímpicos de 1992, la presidencia del polémico gobierno tripartito o la victoria del nuevo Estatut, para evitar la prejubilación. Ahora, tanto partidarios como detractores, todos se deshacen en elogios en esta prejubilación que ni siquiera tiene tintes de jubilación, cuando los compañeros despiden en una cena a un recién jubilado y, a veces, la empresa le regala hasta un reloj de pulsera para que vaya viendo pasar el tiempo. Maragall recibirá como regalo alguna oferta de cargo institucional decorativo, o como apuntaba hace ya unas semanas en esta columna, alguna embajada que le permita la tranquilidad de escribir unas memorias para las que, sin duda, ya habrá recibido ofertas suculentas de más de un editor. Aunque, el imprevisible Maragall, como demuestra en su grandeza de saber decir dignamente adiós, tras un extenso balance de éxitos, siempre puede sorprender con gozar de la tranquilidad de su casa en el Baix Empordà para relatar su rica historia, llena de aciertos, logros y, naturalmente, más de alguna decepción, no sólo de sus opositores, sino también de sus defensores. Pasqual Maragall tira, o más bien le hacen tirar, la toalla, saliendo por la puerta grande, pero sale sólo y sin acompañantes que saben que también serán arrastrados por los nuevos aires del socialismo en Cataluña, ya sea para promoción o, al igual que el presidente, para la prejubilación. Así es la vida, incluso en política.


Resolución mínima: 800x600 EDITORIAL 16
cambio16@cambio16.info