Número.1804 - 03 julio 2006

 

   EL CÍRCULO
Jaume Reixach
El “presidente traidor”
JAUME REIXACH
Es fácil y recurrente hacer leña del árbol caído. Estos días, los medios de comunicación resaltan, negro sobre blanco, los errores y las tensiones estridentes del fallido Gobierno Tripartito de la Generalitat como causa y consecuencia del anuncio de la retirada de Pasqual Maragall de la primera línea política. El balance que se hace de su gestión es globalmente negativo y sólo le salva –en clave histórica- haber sido el presidente del Nuevo Estatut, si bien es público y notorio que Maragall estaba en desacuerdo con el pacto Rodríguez Zapatero-Mas que desfiguró el texto aprobado por el Parlament de Catalunya. Nunca he tenido una relación fluida con Pasqual Maragall y su entorno, y esta circunstancia me permite ser más objetivo al valorar su adiós. Desde esta perspectiva, no seré yo quien se sume a quienes, en esta hora, “apuñalan” el cadáver político de Maragall. Muchos de quienes ahora se alegran de su renuncia le habían adulado y se han aprovechado sin escrúpulos de su Gobierno. En este sentido, resulta paradigmática la actitud de los dos principales conglomerados mediáticos de Catalunya, el Grupo Godó (La Vanguardia) y el Grupo Planeta (Lara), que han alimentado a conciencia el desgaste de la imagen pública Maragall mientras, por detrás, no dudaban en negociar y conseguir toda clase de prebendas de la Generalitat. El gran problema de fondo que tiene Maragall es que es un “desclasado” o, peor, un “traidor” a su clase social, la burguesía de la parte alta de Barcelona. Que un hijo de casa buena militara en el anti-franquismo y en la extrema-izquierda, pase, eran “pecados” de juventud. Pero que, ya adulto, persevere en sus ideas de izquierdas y sea el líder del PSC, esto ya empieza a ser preocupante. Bueno, su etapa como alcalde de Barcelona fue aceptable, porque los Juegos Olímpicos fueron un muy buen negocio. Pero si, además, es el presidente del Gobierno de la Generalitat, en coalición con los “independentistas” (ERC) y los “comunistas” (Iniciativa per Catalunya), entonces la “traición” deviene intolerable. Maragall –le reprochan los “suyos”- debería haber sido como Miquel Roca o Narcis Serra: más centrado, más dúctil, más transversal, más “pesetero”. La “casta” dominante en Catalunya desde el fin de la guerra civil lo tiene claro: CiU y PP les representa políticamente. Siguiendo esta lectura, el PSC es el partido de los inmigrantes, como José Montilla, y, en todo caso, de una “minoría” de catalanes que, en su juventud, se intoxicaron con el marxismo. Quien debe gobernar y administrar la Generalitat –la principal “empresa” del país- son ellos, a través de CiU y PP, por “derecho propio”. En este banquete, el PSC también tiene un plato en la mesa, pero siempre en minoría y atado en “corto”. En este esquema, simple pero eficaz, Pasqual Maragall era “un outsider”, era un estorbo. La “caída en desgracia” de Maragall, más allá de lo que se ha dicho estos días, tiene dos momentos clave: 1) Cuando se filtra el informe que se hizo en Presidencia de la Generalitat sobre el poder mediático en Catalunya; 2) Cuando el presidente denunció en el Parlament la existencia de la “trama” del 3% durante el régimen pujolista. Aquí jugó con fuego, aquí se quemó, aquí se condenó.
Catalunya es así (¿?).


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