Número.1802 - 19 junio 2006

 

   PALABRAS EN LIBERTAD
Rafael García-Rico
Beneficiarios de la guerra
Las cifras, como el algodón, no engañan. Sin recurrir a su exposición tediosa, aunque tan dramática como puede deducirse por la cantidad de dígitos y sin ignorar que tras cada número se encuentra el drama de una existencia perdida innecesariamente, el balance de la invasión norteamericana, de Blair y Aznar en Irak, se ha convertido en un sumidero por donde primero se ha perdido el derecho internacional, después la razón moral, más tarde la dignidad humana y, finalmente, el mínimo derecho a justificar semejante barbaridad que figurará en los libros de historia como el primer gran acto de repugnancia para la humanidad del siglo XXI. Del patético ¡Viva Honduras! de un ministro que ni siquiera se había tomado la molestia de conocer ante quién hablaba, pero sin que ello le impidiera realizar su discurso estandarizado a favor de tan honorable intervención militar, pasamos a ver cómo los artífices del criminal planeamiento se van colocando en instituciones públicas internacionales bajo la férula protectora de la administración más terrible de la historia norteamericana. Wolfowitz, aquel marrano que se relamía el peine en el documental de Michael Moore, fue nombrado en su día presidente del Banco Mundial, una institución para el equilibrio y desarrollo económico internacional en el que inmediatamente nombró como asesora a la señora Palacio, autora de aquellos telegramas a las embajadas plagados de mentiras en las horas siguientes al atentado del 11-M, asidua a las televisiones y reuniones internacionales babeando el discurso oficial de la Moncloa, donde un asilvestrado Aznar se probaba los nuevos trajes de corte americano, con la misma convicción que Sanjurjo lo hacía con sus uniformes, minutos antes de salir para invadir la democracia constitucional republicana. Al fin, todos ya en la nomina del imperio han dado firme cumplimiento al pronóstico del gobernador de Florida, hermano más listo aún que el otro, quien advertía importantes beneficios económicos por la participación en la guerra para la República española y que se van constatando en las apretadas agendas de los ex ministros aznaristas y su yerno particular, testaferro, sin duda, de las peores cuentas de la familia. Ahora, con los beneficios de la invasión, se preparan para acomodarse en la nueva nobleza que sin duda reaparecerá en ¡Hola!, como tributo a su legendaria pertenencia aristocrática. Repartido el botín, parece que éste les perteneciera desde antes de la guerra, emulando así algunas fortunas franquistas atesoradas por el pillaje durante la guerra civil, que aparecían en ese colorín abominable del régimen mostrando la cena de nochebuena de los nuevos ricos del saqueo con apellidos compuestos a toda prisa para deleite de paupérrimos lectores con sueños de hadas y estómagos vacíos. Todas las guerras tienen vencedores y vencidos. Irak desaparecerá del mapa como el petróleo subirá las cuentas personales de los autores del genocidio. La revista del corazón ya tiene nuevos personajes para lucir sin necesidad de recurrir al pobre Humberto. Felicidades a ambos sin que se les atragante la sangre derramada en los brindis del reparto de beneficios. Esta vez la Campanario se ha quedado sin portada. Otra vez será.



Resolución mínima: 800x600 EDITORIAL 16
cambio16@cambio16.info