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Toda
España mira al proceso político que se está viviendo en
Cataluña en los últimos tiempos. Con especial interés,
los vascos, para quienes lo que allí ocurra puede ser
un ejemplo y un modelo a seguir. A pesar de todas las
dificultades por las que atraviesa el proceso y a pesar
de las críticas y reacciones contrarias que está suscitando,
espero que para cuando se publique este artículo el Parlamento
catalán haya aprobado su reforma estatutaria. Lo mismo
que espero que el Parlamento español, sin hacer dejación
de su soberanía, modifique todo lo que tenga que modificar
si es el caso. Es normal, por tanto, que los vascos observemos
con atención lo que está pasando en Cataluña. Lo que ya
no parece tan normal es que los políticos catalanes hagan
su debate mirando a Euskadi. Mejor dicho, introduciendo
en su debate algunas cuestiones pertenecientes a la tradición
política vasca pero que en Cataluña no hacen más que perjudicar
un resultado feliz. Hace poco me refería a la cuestión
de los Derechos Históricos que, finalmente, parece haberse
reconducido. Hoy, no puedo dejar de referirme a otra cuestión
que se ha convertido en el centro del debate en Cataluña.
Es decir, la cuestión de la financiación autonómica y,
más en concreto, las referencias al Concierto Económico.
Entiendo perfectamente que la derecha nacionalista catalana,
por razones económicas, políticas e ideológicas, reclame
la aplicación del sistema de Concierto Económico vigente
en Euskadi a Cataluña. Lo que ya no puedo entender es
que lo haga la izquierda, como es el caso de Esquerra
Republicana de Cataluña (ERC). Tampoco comparto la negativa
excesivamente acomplejada, basada en su inconstitucionalidad,
que da el resto de la izquierda catalana. Un sistema de
Concierto Económico para Cataluña no sólo no es aconsejable
porque sea inconstitucional, sino porque es injusto, insolidario
y de derechas. Una cosa es que las provincias forales,
País Vasco y Navarra, por una determinada tradición histórica,
y porque ese fue el pacto en el momento de la transición
democrática, dispongan de Concierto Económico, algo que
apoyo y defiendo, y otra cosa muy distinta idealizar falsamente
el Concierto Económico. Idealización que no se compadece
en absoluto con la realidad. Aunque un análisis en profundidad
sería largo y complejo, y no podría entrar en esta columna,
me limitaré a señalar cuatro aspectos fundamentales:
1. El Concierto Económico no es,
en su origen, un tesoro histórico que ha pervivido a lo
largo de los tiempos. Todo lo contrario. El Concierto
Económico fue, en el momento de su instauración a finales
del Siglo XIX, una mezquina contrapartida tras la abolición
de los Fueros y de las libertades vascas.
2. Fue tan mezquina la contrapartida que se trató, básicamente,
de comprar a la oligarquía vasca otorgándole “unos cuantos
millones de reales”, son palabras de Cánovas del Castillo,
a cambio de que no molestaran por la supresión de los
Fueros.
3. En esencia, fue un mecanismo injusto socialmente. Dejaba
en manos de la oligarquía provincial el manejo de las
cuentas. Podían hacer y deshacer a su antojo. Estaban
a resguardo de cualquier política fiscal progresista que
pudiera poner en marcha el Estado. (Evidentemente, hoy
en día el Concierto Económico es una cosa distinta).
4. Finalmente, para quienes tanto idealizan el Concierto
como si su propia denominación hiciera referencia a la
bilateralidad, también tengo que decepcionarles. La expresión
Concierto Económico, en sus orígenes, nada tiene que ver
con la bilateralidad. La expresión se consolidó porque
el Decreto Ley que estableció el sistema, en su artículo
primero, empezaba de la siguiente forma: “Las provincias
de Guipúzcoa, Álava y Vizcaya quedan incorporadas al concierto
económico español ...”.
No creo que sea necesario seguir. Está claro que no nos
encontramos ante algo sobre lo que la izquierda debería
preocuparse demasiado en una comunidad autónoma que es
totalmente ajena al mecanismo de Concierto Económico.
Dicho esto, estoy convencido que finalmente el debate
catalán llegará a buen puerto y que será un modelo a seguir
por los vascos. Teniendo en cuenta la coyuntura por la
que atraviesa Euskadi, sería fundamental que esto ocurriese.
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