Número.1804 - 03 julio 2006

 

   EDITORIAL
El legado de Maragall
La salida momentánea de Pasqual Maragall de la política activa, al decidir no volver a presentarse como candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat catalana, resulta un perjuicio para la izquierda en general y una victoria parcial de la derecha trapisonda, la que clama junto a los obispos y sus voceros montaraces contra la ruptura de España, su latiguillo predilecto. Lo ha anunciado en un acto institucional tres días después de la celebración del referéndum sobre el nuevo Estatut de Cataluña, que fue avalado con un 74 por ciento de los votos, aunque la participación no alcanzó a la mitad del electorado, pero horas antes, haciendo gala de su proverbial carácter, se lo confirmó a un niño de doce años durante su visita a un colegio. No está dispuesto a aceptar nuevas imposiciones que no comparte. Antes prefiere renunciar a seguir la estela táctica que le marquen. Trifulcas y errores los ha habido por comulgar en exceso con los republicanos de ERC, que siguen sin saber si van o vienen. E indudables aciertos. Entre sus méritos, el haber desalojado del Palau de la Generalitat a un nacionalismo conservador que detentó durante varios lustros un papel omnímodo, representado en la figura de Jordi Pujol. Los mismos a los que acusó de tener un problema, el tres ciento de las comisiones por obras públicas, aquellos que pactaron con Zapatero a sus espaldas la rebaja estatuaria que acabó haciendo saltar por los aires el tripartito, para mayor satisfacción de Rajoy y sus adláteres. Se empeñó en construir un proyecto del conjunto de las izquierdas en su tierra y en modular la España federal, el país plural del que por razones estratégicas se empieza a renegar en el PSOE. Si le salió el tiro por la culata es porque hasta en su propio partido han estado tirándole de la alfombra para que se rompa la crisma, la que ponía por delante para modificar las prioridades en dirección a una política mucho más social. Su partido se ha convertido en el primero del país catalán. Al disolver el Parlament a finales de agosto, el día más probable para que se celebren las elecciones autonómicas anticipadas es el 22 de octubre. Entonces sabremos a quién asiste la razón. Todo parece indicar que será por último José Montilla, charnego de un pueblo de Córdoba, y a mucha honra, actual ministro de Industria y primer secretario de los socialistas catalanes, quien lo sustituya en las pretensiones de volver a editar la victoria electoral. Zapatero se verá obligado entonces a efectuar la segunda remodelación gubernamental en su mandato y lo hará pensando especialmente en la cercanía de los comicios municipales y autonómicos, prescindiendo con esas miras de algunos de los que han venido siendo principales colaboradores. Si Montilla fracasa, el relevo beneficia a CiU, que prefiere primero gobernar en Cataluña, para acto seguido aceptar algunos ministerios en Madrid, a cambio de contribuir a la estabilidad del equipo de Zapatero. Sea como fuere, ERC ya no es plato del agrado de unos ni de otros.



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