 |
He
visto a Gonzalo Miró llorando por la calle. Igual no se lo creen
pero tengo la prueba gráfica. Y si uno tiene una prueba gráfica
tiene una exclusiva. Lo que no consiga un publicita sólo es
capaz de montarlo la nietísima del dictador. Seguro que por
el bodorrio, además de pagarle el Hola le devuelve Hacienda.
Dos linces. Aunque a mí lo que me interesa de esta especie en
extinción es sobre todo su escasa vida sexual y su proyección
en los humanos. Y no establezcan paralelismos que yo al tal
Pepe no lo conozco. Sí sé que si se juntan la anodina vida sexual
del lince, a pesar de estar todos los días de su vida buscando
conejos, con el número de bichos que muere en accidentes de
tráfico, servidor concluye que el felino y el hombre comparten
gran parte de su mapa genético. También vi a Humberto Janeiro,
padre de Jesulín de Ubrique, la envidia de los clubes de pensionistas
de la realidad nacional, soltando una lagrimilla preocupado
por su honorabilidad de rompecorazones. Días después Belén Esteban
dejó a la familia en evidencia. Ja, ja; ja, ja —diría la musa
en inocente imitación del padre Jiménez Losantos— mientras dejaba
al abuelo paterno de Andreíta en paños menores. Y prometió que
habría más. Después fue Estíbaliz Sanz la que lloraba a moco
tendido entre implantes de silicona. Denunció una rarísima historia
de abusos deshonestos con incitación a la felación y con un
selecto público dispuesto a no perdérsela. La historia no se
la creyó nadie, casi ni ella; ni tan siquiera Encarni, la madre
de una gloria olvidada de Gran Hermano que ha compartido algunos
avatares y escenas con la abusada. Pero si uno no se cree estas
cosas cómo se va a creer lo de los atributos del nuevo Supermán.
Aunque comprenderán que con Bush no todo iba a ser para peor.
Tampoco está por la labor Lauren Postigo, juglar de la copla
española de la transición, management de folclóricas, presentador
del mito Cantares y organizador de bodas exóticas con bífidus
activo más allá del mar. “No me creo na”. Y hablaba de lágrimas;
de las derramadas por Carmencita Sevilla —tiene casi nombre
de azafrán— y de los desmayos de la novia de don Julián a propósito
del velatorio de Rocío Jurado. El señor Muñoz debe haberse empadronado
en los juzgados de Málaga según le van las cosas. Quien tampoco
se cree de la misa la mitad es Marujita. Y lo de Saritísima
todavía menos. Deben ser envidias adobadas a la cubana, que
de eso las dos antigüedades saben mucho. Pero como la vida continua
vi que por dinero ¿y por amor? se le ponían también los ojos
tristes a Luis Amaya, ex de una ex de Chiquetete de nombre Raquel,
para servirle a la Pantoja y a dios, y que ejerce de comentarista
del patio de vecinas nacional como dichosa sabelotodo de su
fiel protectora. Aunque últimamente también parece que junta
materiales para escribir la azarosa biografía de la que fuera
destronada alcaldesa consorte de Marbella. Maite Zaldívar, con
sus bolsas de basura llenas de euros, también ha dado de comer
a los cocodrilos. Lo que ya no sé es cuánto habrá en este zoo
de Lacoste y cuánto de top manta. Esos dominios sólo son de
dios.
manbernal@eresmas.com
|