Número.1804 - 03 julio 2006

 

Manuel Bernal
Lágrimas de cocodrilo al por mayor
He visto a Gonzalo Miró llorando por la calle. Igual no se lo creen pero tengo la prueba gráfica. Y si uno tiene una prueba gráfica tiene una exclusiva. Lo que no consiga un publicita sólo es capaz de montarlo la nietísima del dictador. Seguro que por el bodorrio, además de pagarle el Hola le devuelve Hacienda. Dos linces. Aunque a mí lo que me interesa de esta especie en extinción es sobre todo su escasa vida sexual y su proyección en los humanos. Y no establezcan paralelismos que yo al tal Pepe no lo conozco. Sí sé que si se juntan la anodina vida sexual del lince, a pesar de estar todos los días de su vida buscando conejos, con el número de bichos que muere en accidentes de tráfico, servidor concluye que el felino y el hombre comparten gran parte de su mapa genético. También vi a Humberto Janeiro, padre de Jesulín de Ubrique, la envidia de los clubes de pensionistas de la realidad nacional, soltando una lagrimilla preocupado por su honorabilidad de rompecorazones. Días después Belén Esteban dejó a la familia en evidencia. Ja, ja; ja, ja —diría la musa en inocente imitación del padre Jiménez Losantos— mientras dejaba al abuelo paterno de Andreíta en paños menores. Y prometió que habría más. Después fue Estíbaliz Sanz la que lloraba a moco tendido entre implantes de silicona. Denunció una rarísima historia de abusos deshonestos con incitación a la felación y con un selecto público dispuesto a no perdérsela. La historia no se la creyó nadie, casi ni ella; ni tan siquiera Encarni, la madre de una gloria olvidada de Gran Hermano que ha compartido algunos avatares y escenas con la abusada. Pero si uno no se cree estas cosas cómo se va a creer lo de los atributos del nuevo Supermán. Aunque comprenderán que con Bush no todo iba a ser para peor. Tampoco está por la labor Lauren Postigo, juglar de la copla española de la transición, management de folclóricas, presentador del mito Cantares y organizador de bodas exóticas con bífidus activo más allá del mar. “No me creo na”. Y hablaba de lágrimas; de las derramadas por Carmencita Sevilla —tiene casi nombre de azafrán— y de los desmayos de la novia de don Julián a propósito del velatorio de Rocío Jurado. El señor Muñoz debe haberse empadronado en los juzgados de Málaga según le van las cosas. Quien tampoco se cree de la misa la mitad es Marujita. Y lo de Saritísima todavía menos. Deben ser envidias adobadas a la cubana, que de eso las dos antigüedades saben mucho. Pero como la vida continua vi que por dinero ¿y por amor? se le ponían también los ojos tristes a Luis Amaya, ex de una ex de Chiquetete de nombre Raquel, para servirle a la Pantoja y a dios, y que ejerce de comentarista del patio de vecinas nacional como dichosa sabelotodo de su fiel protectora. Aunque últimamente también parece que junta materiales para escribir la azarosa biografía de la que fuera destronada alcaldesa consorte de Marbella. Maite Zaldívar, con sus bolsas de basura llenas de euros, también ha dado de comer a los cocodrilos. Lo que ya no sé es cuánto habrá en este zoo de Lacoste y cuánto de top manta. Esos dominios sólo son de dios.

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