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El
número de pleitos, denuncias, querellas y demandas se ha multiplicado
vertiginosamente durante la última década. Los profesionales
del Derecho reclaman más medios, personal y nuevos juzgados
en todas las jurisdicciones. Literalmente están desbordados.
Parece que la población española se multiplicó o que unos pocos
multiplicaron su litigiosidad. Lo primero es incierto. Pasamos
del crecimiento cero a que los inmigrantes hagan crecer el censo.
Tal y como está la vivienda, la inestabilidad laboral y los
precios de todo hay que pensarse tener siquiera hijos. Acerca
de la litigiosidad, en España hay más abogados que en varios
países comunitarios. Otro dato es que los juzgados son un negocio
rentable con riesgo mínimo para aseguradoras y entidades financieras.
Pocos saben que entre togas se ubica la sucursal del negocio
del dinero que pagamos entre todos para beneficio de muy pocos.
Hay casos de personas conflictivas que cogieron gustillo a eso
del pleito; proyectan en su letrado el juez, policía o fiscal
que todos llevamos dentro. Hay ciudadanos que se creen abogados,
les da morbo el Código Penal, escaso respeto las puñetas de
jueces y fiscales o se despellejan con vecinos, ex parejas,
jefes o empleados por tonterías que hacen felices sólo a los
desgraciados. Estos personajes podían ser querulantes, viciosos
del lío en estrados. Pero parecen casos muy aislados. La querulancia
como negocio tiene variantes más sofisticadas. Decíamos que
financieras y aseguradoras basan sus dividendos en algunas sentencias.
La lucha contra el fraude que emprendieron ciertas empresas
es singular. Frecuentemente vemos en prensa que la policía o
guardia civil desmantela talleres ilegales, registra almacenes,
decomisa ordenadores, requisa CD’s. Parecen operaciones que
el ciudadano agradece, pero están surgiendo muchas interrogantes,
complicidades y negocios en los que la Justicia podría ser la
última en enterarse. Hay peritos que no son tan imparciales
como se les supone. Si algún comerciante desaprensivo vende,
por ejemplo, juegos de ordenador piratas sólo se le puede decomisar
lo fraudulento, no desmantelar la tienda completa. Sabemos que
la Sociedad de Autores (SGAE) es muy activa para defender a
sus socios. Pero ello no le habilita para contratar detectives
piratas que se cuelan en una boda sin ser invitados para acreditar
derechos. La SGAE no está sola en la lucha contra el mal; le
acompañan Egeda y Promusicae. También, marcas deportivas, multinacionales
y un largo listado de empresas que hacen de oro a abogados y
procuradores. Y hacen trabajar por una miseria a miles de funcionarios
judiciales para sustentar un negocio que parece ir viento en
popa. Los querulantes creíamos verlos en películas rancias como
actores secundarios o en un rincón apartados de una sociedad
dinámica que dice ir adelante con índices de crecimiento y vanguardias
intelectuales. Dice un refrán gitano que vale más un mal arreglo
que un buen pleito. En muchas empresas piensan de otra manera.
Y molestan a muchos inocentes que tienen que pagar para consolidar
su inocencia. Parece que es negocio denunciar y demandar indiscriminadamente.
¿Hasta cuándo los soportaremos?
andaluciaviva@activanet.es
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