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Despejada
la incógnita con la expulsión de Esquerra Republicana
de Catalunya del gobierno catalán, por el “no” al Estatut,
que la derecha sumará al “no” siempre confirmado del Partido
Popular, toda la política catalana apunta ya hacia la
convocatoria electoral tras las vacaciones estivales.
El referéndum ha enterrado al gobierno tripartito entre
el Partido Socialista de Cataluña, Esquerra Republicana
e Iniciativa per Catalunya-Verds. Y es que lo primero
es lo primero. Y, por ello, el presidente Pasqual Maragall
ha tomado las riendas del poder y ha dicho “no” a la permanencia
de ERC en el gobierno. Por encima del referéndum, queda
ya inaugurada la campaña electoral. De ahí que el voto
del referéndum será, se quiera o no, un voto electoral.
Un voto electoral donde ERC intentará, mal se sabe cómo,
contabilizar los “noes” que, en las próximas elecciones,
deberían convertirse en “síes” para la formación que lidera
Josep Lluis Carod Rovira, aunque se encuentra debilitado
por su militancia que le ha impuesto el “no” al referéndum,
clarificando, al menos, las cosas. Al PP, que antes de
coincidir con ERC en la negativa al Estatut, tenía claro
que los “noes” al Estatut le darían una nueva vara de
medir entre su electorado, también se le complicarán los
análisis post referéndum. Sólo podrían aclararse, por
ejemplo, si las papeletas del “no” de ERC fuesen, por
citar un color, rojas, y las del PP, por definir otro,
azules. Pero ello no ocurrirá, excepto si pueden marcar
sus casillas en un bolígrafo de tinta azul, o roja, y
los presidentes de las mesas del voto del referéndum no
decidieran darlos por nulos. Por parte de socialistas
y convergentes, el “sí” en el referéndum sobre el Estatut,
será objeto, como mínimo, de una división por dos, intentando
descifrar si se convertirá, o no, en una ganancia de votos
en la cita otoñal a las urnas. Ante la imposibilidad de
sacar conclusiones pre electorales del voto en el referéndum,
dado el lío entre los “noes” de pro independentistas y
centralistas, casi al igual que entre los “síes” de adversarios
tradicionales, como el PSC y CiU, los altos estados mayores
de cada partido hacen ya sus cábalas sobre las posibles
coaliciones de poder en Cataluña. Las más simplistas,
aunque en materia de alianzas en política no hay realmente
nada escrito, ven una futura coalición de gobierno entre
PSC y CiU, en Cataluña, que abriría la futura coalición
PSOE-CiU, en España, tras las próximas legislativas, siempre
y cuando el empuje del presidente José Luis Rodríguez
Zapatero no llegue a alcanzar una mayoría absoluta, de
la que mucho dependerá cómo vayan las negociaciones con
ETA, o sus representantes políticos. ERC y, de rebote,
IC-Verds tienen muchas posibilidades de volver a quedarse
en la cuneta de la oposición, porque el ejercicio del
poder en el gobierno del tripartito fue bonito mientras
duró, pero resulto ser difícilmente manejable. Incluso
para un político tan florentino como Pasqual Maragall,
todo un artista en materia de pactos, aunque acaben rompiéndose.
De ahí que vamos hacia un referéndum electoral.
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