Número.1798 - 22 mayo 2006

 

   REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
Manuel Domínguez Moreno
Filibusterismo político
MANUEL DOMÍNGUEZ MORENO
No sé cuál es la razón, aunque la imagino, de que las declaraciones de Arnaldo Otegi formen siempre tanto revuelo. No se trata, como quisieran algunos, de canonizar ahora al líder político que hasta ayer demonizaban porque en la presentación de su último libro en Cataluña haya afirmado, en lo que algunos han interpretado como una condena explícita de la violencia, que ni la izquierda abertzale ni ETA pueden ser ajenas al sufrimiento humano y que Batasuna ha errado clamorosamente en su estrategia política en Navarra hasta tal punto que se ha querido entender que se proponía la anexión de esta comunidad cuando lo que se defiende es precisamente lo contrario, que los ciudadanos tengan la capacidad de decidir. Nada nuevo bajo el sol. Estos mismos planteamientos, casi con las mismas palabras, los plasmó Otegi en una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle en mayo de 2004 y que CAMBIO16 publicó en exclusiva en su número 1.691, mucho antes de que se produjera la denominada Declaración de Anoeta, cuando Batasuna apostó claramente por la vía política para la solución del conflicto vasco, cuando tras la victoria electoral de Zapatero el 14- M se propiciaba un nuevo escenario de oportunidades para la paz. ¿Por qué entonces tanto aspaviento? Por lo de siempre. Porque el ruido distorsiona la realidad de los hechos y hay quien sigue obteniendo rentabilidad política y electoral del terror y la violencia, precisamente los que distinguen entre víctimas y manipulan la ley a su antojo y conveniencia, sosteniendo por ejemplo que el acercamiento de presos es una concesión cuando se trata de un derecho amparado por la Constitución. El PP debería comprender que liderar la oposición no significa instalarse en la confrontación y la bronca permanente, en el filibusterismo político. Los incidentes parlamentarios protagonizados por el diputado Vicente Martínez Pujalte, en el Congreso, y por el Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea de Madrid son sólo equiparables a los que protagonizaba Batasuna antes de apostar por la vía política y que hoy también serían considerados un error por la izquierda abertzale, como cuando se vaciaron sacos de cal viva en los escaños de los diputados del PSEEE en el Parlamento vasco. La estrategia del PP, salvando las distancias, es similar. Martínez Pujalte se convierte en un hooligan jaleado por el resto de sus compañeros de partido y alcanza el dudoso y poco honorable título de ser el primer diputado expulsado del hemiciclo. Lamentable y muy poco edificante y democrático. Tanto como la escenificación de los diputados del PP en la Asamblea de Madrid al levantarse y mostrar en sus manos esposas —grilletes— cuando tenía la palabra Rafael Simancas, candidato del PSOE al que unos tránsfugas despreciables le birlaron la Presidencia de la comunidad cuando la había ganado en las urnas. Ahora repite y, según todas las encuestas, Esperanza Aguirre necesitará algo más que la traición de unos miserables para permanecer en el cargo. Por lo demás, si hay que mostrar grilletes, bien podría mirarse con mayor tiento hacia otro lado, hacia Telemadrid sin ir más lejos. Los ciudadanos pueden aplaudir la firmeza en la oposición y, si me apuran, incluso la dureza en buena lid, pero les asquea hasta la náusea tanta gresca, tanta camorra y querella, tanto baldón, tanta vejación y escarnio.

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