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REFLEXIONES DESDE EL SOBERADO
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Manuel
Domínguez Moreno
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| Filibusterismo
político |
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No
sé cuál es la razón, aunque la imagino, de que las declaraciones
de Arnaldo Otegi formen siempre tanto revuelo. No se trata,
como quisieran algunos, de canonizar ahora al líder político
que hasta ayer demonizaban porque en la presentación de su
último libro en Cataluña haya afirmado, en lo que algunos
han interpretado como una condena explícita de la violencia,
que ni la izquierda abertzale ni ETA pueden ser ajenas al
sufrimiento humano y que Batasuna ha errado clamorosamente
en su estrategia política en Navarra hasta tal punto que se
ha querido entender que se proponía la anexión de esta comunidad
cuando lo que se defiende es precisamente lo contrario, que
los ciudadanos tengan la capacidad de decidir. Nada nuevo
bajo el sol. Estos mismos planteamientos, casi con las mismas
palabras, los plasmó Otegi en una entrevista que tuve la oportunidad
de hacerle en mayo de 2004 y que CAMBIO16 publicó en exclusiva
en su número 1.691, mucho antes de que se produjera la denominada
Declaración de Anoeta, cuando Batasuna apostó claramente por
la vía política para la solución del conflicto vasco, cuando
tras la victoria electoral de Zapatero el 14- M se propiciaba
un nuevo escenario de oportunidades para la paz. ¿Por qué
entonces tanto aspaviento? Por lo de siempre. Porque el ruido
distorsiona la realidad de los hechos y hay quien sigue obteniendo
rentabilidad política y electoral del terror y la violencia,
precisamente los que distinguen entre víctimas y manipulan
la ley a su antojo y conveniencia, sosteniendo por ejemplo
que el acercamiento de presos es una concesión cuando se trata
de un derecho amparado por la Constitución. El PP debería
comprender que liderar la oposición no significa instalarse
en la confrontación y la bronca permanente, en el filibusterismo
político. Los incidentes parlamentarios protagonizados por
el diputado Vicente Martínez Pujalte, en el Congreso, y por
el Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea de Madrid son
sólo equiparables a los que protagonizaba Batasuna antes de
apostar por la vía política y que hoy también serían considerados
un error por la izquierda abertzale, como cuando se vaciaron
sacos de cal viva en los escaños de los diputados del PSEEE
en el Parlamento vasco. La estrategia del PP, salvando las
distancias, es similar. Martínez Pujalte se convierte en un
hooligan jaleado por el resto de sus compañeros de partido
y alcanza el dudoso y poco honorable título de ser el primer
diputado expulsado del hemiciclo. Lamentable y muy poco edificante
y democrático. Tanto como la escenificación de los diputados
del PP en la Asamblea de Madrid al levantarse y mostrar en
sus manos esposas —grilletes— cuando tenía la palabra Rafael
Simancas, candidato del PSOE al que unos tránsfugas despreciables
le birlaron la Presidencia de la comunidad cuando la había
ganado en las urnas. Ahora repite y, según todas las encuestas,
Esperanza Aguirre necesitará algo más que la traición de unos
miserables para permanecer en el cargo. Por lo demás, si hay
que mostrar grilletes, bien podría mirarse con mayor tiento
hacia otro lado, hacia Telemadrid sin ir más lejos. Los ciudadanos
pueden aplaudir la firmeza en la oposición y, si me apuran,
incluso la dureza en buena lid, pero les asquea hasta la náusea
tanta gresca, tanta camorra y querella, tanto baldón, tanta
vejación y escarnio.
www.manueldominguezmoreno.net
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