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La
ofensiva compradora de la Caixa, después de los resultados
electorales del 14-M, ha comenzado a preocupar seriamente
en Madrid, incluyendo en algunos sectores del nuevo Gobierno
y, por descontado, del PSOE. La falta de recato que trasluce
las decisiones de la entidad con sede en Barcelona al anunciar
nuevas tomas de participación en Telefónica
y en Gas Natural también ha molestado en los mismos
sectores, aunque se haya evitado, de momento, un pronunciamiento
público. Las compras, junto a las declaraciones de
Ricardo Fornesa que sugieren y anticipan cambios en la estrategia
de la Caixa de cara a eventuales operaciones corporativas
previamente fracasadas (durante el Gobierno del PP), han puesto
en mala situación al nuevo Gobierno de José
Luis Rodríguez Zapatero, en cuyo seno se ha acentuado
las tensiones lógicas que se han manifestado para ocupar
puestos administrativos de segundo nivel, especialmente en
el área energética. De hecho, los nombramientos
de secretario de Estado de la Energía y/o secretario
general de la Energía (probablemente se rebajará
el rango de este puesto, al reestablecerse el Ministerio de
Industria y Energía) han ocasionado ya tensiones entre
la vicepresidencia segunda del Gobierno, que ocupa Pedro Solbes,
y el nuevo ministro de Industria, cargo desempeñado
por el socialista catalán José Montilla.
La designación de esos cargos, así como su adscripción
al ministerio de Solbes o al de Montilla, es una cuestión
fundamental para la suerte que puedan tener algunas de las
iniciativas que ha apuntado ya la Caixa, especialmente en
lo que pueda ocurrir con la eventual resurrección de
la fallida OPA de Gas Natural sobre Iberdrola. Antoni Brufau,
presidente de Gas Natural, fue especialmente cauto, en una
junta de accionistas de la entidad (para cuya celebración
habían recortado presupuestos), a la hora de anticipar
si la dirección de Gas Natural va a resucitar el viejo
proyecto. Resultó curiosa la discreción de Brufau
(si lo hago, no lo voy a contar anticipadamente, creo que
dijo), sobre todo porque Fornesa, teóricamente su jefe
directo en la Caixa, no se cortó un pelo al señalar,
cuando días más tarde se le preguntó
por las adquisiciones en Telefónica y otras empresas,
que la entidad catalana no renunciaba a ninguna opción
compradora y, mucho menos, a ejercer el poder en las empresas.
La Caixa, la única actividad financiera catalana que
no terminado por quebrar en el último siglo en España,
es evidente que lo tiene claro, al menos bajo el manto de
Fornesa y de Isidre Fainé, el otro director general
de la entidad, junto a Bufrau, que tampoco tuvo recato alguno
en aparecer en un acto público de Zapatero durante
la campaña electoral y cuando nadie daba un duro por
la llegada a buen puerto de sus expectativas. Lo tiene tan
claro como los presidentes y directivos de las empresas que,
con sede en Madrid, pueden verse afectadas por el nuevo poder
de la Caixa, tanto en Telefónica como en Repsol e Iberdrola.
De hecho, algunas de estas empresas podrían haber tomado
ya medidas preventivas (eso sí, sin recurrir a la guerra)
para defenderse del eventual acoso de la entidad catalana.
¿Cuáles? Pues alguna muy sencilla, que deja
abierto el camino a la imaginación. ¿Por qué
no una OPA de Iberdrola sobre Gas Natural? ¿Por qué
no una fusión Repsol con Iberdrola? Todo es posible...
Greenspan
pone de los nervios al mercado
No
sé quién sería aquel analista tan ciego
que dijo, tras la llegada de George Bush a la presidencia
de Estados Unidos hace casi cuatro años, que el todopoderoso
Alan Greenspan tenía los días contados al frente
del Sistema Federal de la Reserva.
El septuagenario mandamás del banco federal norteamericano
ha demostrado, casi un lustro después, que tiene cuerda
para rato y que todavía conserva su tradicional capacidad
para sorprender a los mercados. La semana pasada, dio buena
muestra de ello. Greenspan advirtió que no existía
ya ningún riesgo de inflación en Estados Unidos
y que la recuperación en ciernes de la economía
estadounidense estaba consolidada. ¿Qué quiere
decir eso? Pues que, tarde o temprano, los tipos de interés
invertirán su tendencia y comenzarán a subir.
¿Es eso bueno? Pues según se mire. Para el otro
lado del Atlántico, la noticia puede ser neutral si
la subida de los tipos no es muy elevada, ya que, según
explicó el propio Greenspan, los bancos están
preparados ya para ello.
Para este lado del océano, la cosa no está tan
clara. Una subida de los tipos puede contener la desvalorización
del dólar y mejorar las opciones de las empresas exportadoras
con base en euros (como es el caso de España), pero
una eventual inversión en la tendencia a la baja de
los tipos, puede trastocar aún más el mercado
hipotecario y reducir la capacidad de endeudamiento de las
familias, ya muy agobiadas por el importe de sus hipotecas.
Tiempos aciagos se barruntan en este frente a medio plazo
y en España, con un nuevo Gobierno. ¿Será
que los cambios de Gobierno traen también un giro en
las expectativas económicas? Sea como fuera, a Pedro
Solbes le está tocando de nuevo bailar con la fea.
Los
viejos lamentos de Pérez de Bricio
Carlos
Pérez de Bricio es, sin duda, un viejo rockero del
sector energético. A sus 70 años, el presidente
de Cepsa tiene la virtud y la ventaja de poder decir lo que
quiera, sin tapujos y, eso sí, con educación,
sobre un sector del que ha sido, y todavía es, un testigo
privilegiado desde incluso antes de que fuera ministro de
Industria durante los primeros años de la transición
política y la monarquía.
Por eso, su aparición como primer ponente de los Encuentros
con los Presidentes, organizado por el Club de la Energía
(algunos le llaman, ante la ausencia de algunos patronos importantes
en sus actos, Club de Alguna Energía), fue todo un
regalo para los asistentes. Buen humor —que nos recordó
a uno de sus predecesores (Alfonso Escámez)—,
buenos datos, buena exposición y, sobre todo, buenos
y viejos lamentos de una empresa que, como puede suceder a
Repsol, vive casi siempre pendiente del BOE.
Lo suyo fue, sin duda, un guiño a las futuras nuevas
autoridades energéticas, desconocidas en el momento
en que tuvo lugar el acto. Resuélvanme, por favor,
mi problema con la bombona de butano (precio y distribución)
y no dejen en saco roto otras reclamaciones históricas,
como la subvención encubierta de los gasóleos
y otras lindezas. Tomen nota.
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