N 1691 3 mayo 2004

  EMPRESAS Y EMPRESARIOS
ALBERTO VALVERDE
Una OPA al revés para Gas Natural

La ofensiva compradora de la Caixa, después de los resultados electorales del 14-M, ha comenzado a preocupar seriamente en Madrid, incluyendo en algunos sectores del nuevo Gobierno y, por descontado, del PSOE. La falta de recato que trasluce las decisiones de la entidad con sede en Barcelona al anunciar nuevas tomas de participación en Telefónica y en Gas Natural también ha molestado en los mismos sectores, aunque se haya evitado, de momento, un pronunciamiento público. Las compras, junto a las declaraciones de Ricardo Fornesa que sugieren y anticipan cambios en la estrategia de la Caixa de cara a eventuales operaciones corporativas previamente fracasadas (durante el Gobierno del PP), han puesto en mala situación al nuevo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en cuyo seno se ha acentuado las tensiones lógicas que se han manifestado para ocupar puestos administrativos de segundo nivel, especialmente en el área energética. De hecho, los nombramientos de secretario de Estado de la Energía y/o secretario general de la Energía (probablemente se rebajará el rango de este puesto, al reestablecerse el Ministerio de Industria y Energía) han ocasionado ya tensiones entre la vicepresidencia segunda del Gobierno, que ocupa Pedro Solbes, y el nuevo ministro de Industria, cargo desempeñado por el socialista catalán José Montilla.
La designación de esos cargos, así como su adscripción al ministerio de Solbes o al de Montilla, es una cuestión fundamental para la suerte que puedan tener algunas de las iniciativas que ha apuntado ya la Caixa, especialmente en lo que pueda ocurrir con la eventual resurrección de la fallida OPA de Gas Natural sobre Iberdrola. Antoni Brufau, presidente de Gas Natural, fue especialmente cauto, en una junta de accionistas de la entidad (para cuya celebración habían recortado presupuestos), a la hora de anticipar si la dirección de Gas Natural va a resucitar el viejo proyecto. Resultó curiosa la discreción de Brufau (si lo hago, no lo voy a contar anticipadamente, creo que dijo), sobre todo porque Fornesa, teóricamente su jefe directo en la Caixa, no se cortó un pelo al señalar, cuando días más tarde se le preguntó por las adquisiciones en Telefónica y otras empresas, que la entidad catalana no renunciaba a ninguna opción compradora y, mucho menos, a ejercer el poder en las empresas.
La Caixa, la única actividad financiera catalana que no terminado por quebrar en el último siglo en España, es evidente que lo tiene claro, al menos bajo el manto de Fornesa y de Isidre Fainé, el otro director general de la entidad, junto a Bufrau, que tampoco tuvo recato alguno en aparecer en un acto público de Zapatero durante la campaña electoral y cuando nadie daba un duro por la llegada a buen puerto de sus expectativas. Lo tiene tan claro como los presidentes y directivos de las empresas que, con sede en Madrid, pueden verse afectadas por el nuevo poder de la Caixa, tanto en Telefónica como en Repsol e Iberdrola. De hecho, algunas de estas empresas podrían haber tomado ya medidas preventivas (eso sí, sin recurrir a la guerra) para defenderse del eventual acoso de la entidad catalana.
¿Cuáles? Pues alguna muy sencilla, que deja abierto el camino a la imaginación. ¿Por qué no una OPA de Iberdrola sobre Gas Natural? ¿Por qué no una fusión Repsol con Iberdrola? Todo es posible...

Greenspan pone de los nervios al mercado

No sé quién sería aquel analista tan ciego que dijo, tras la llegada de George Bush a la presidencia de Estados Unidos hace casi cuatro años, que el todopoderoso Alan Greenspan tenía los días contados al frente del Sistema Federal de la Reserva.
El septuagenario mandamás del banco federal norteamericano ha demostrado, casi un lustro después, que tiene cuerda para rato y que todavía conserva su tradicional capacidad para sorprender a los mercados. La semana pasada, dio buena muestra de ello. Greenspan advirtió que no existía ya ningún riesgo de inflación en Estados Unidos y que la recuperación en ciernes de la economía estadounidense estaba consolidada. ¿Qué quiere decir eso? Pues que, tarde o temprano, los tipos de interés invertirán su tendencia y comenzarán a subir.
¿Es eso bueno? Pues según se mire. Para el otro lado del Atlántico, la noticia puede ser neutral si la subida de los tipos no es muy elevada, ya que, según explicó el propio Greenspan, los bancos están preparados ya para ello.
Para este lado del océano, la cosa no está tan clara. Una subida de los tipos puede contener la desvalorización del dólar y mejorar las opciones de las empresas exportadoras con base en euros (como es el caso de España), pero una eventual inversión en la tendencia a la baja de los tipos, puede trastocar aún más el mercado hipotecario y reducir la capacidad de endeudamiento de las familias, ya muy agobiadas por el importe de sus hipotecas. Tiempos aciagos se barruntan en este frente a medio plazo y en España, con un nuevo Gobierno. ¿Será que los cambios de Gobierno traen también un giro en las expectativas económicas? Sea como fuera, a Pedro Solbes le está tocando de nuevo bailar con la fea.

Los viejos lamentos de Pérez de Bricio

Carlos Pérez de Bricio es, sin duda, un viejo rockero del sector energético. A sus 70 años, el presidente de Cepsa tiene la virtud y la ventaja de poder decir lo que quiera, sin tapujos y, eso sí, con educación, sobre un sector del que ha sido, y todavía es, un testigo privilegiado desde incluso antes de que fuera ministro de Industria durante los primeros años de la transición política y la monarquía.
Por eso, su aparición como primer ponente de los Encuentros con los Presidentes, organizado por el Club de la Energía (algunos le llaman, ante la ausencia de algunos patronos importantes en sus actos, Club de Alguna Energía), fue todo un regalo para los asistentes. Buen humor —que nos recordó a uno de sus predecesores (Alfonso Escámez)—, buenos datos, buena exposición y, sobre todo, buenos y viejos lamentos de una empresa que, como puede suceder a Repsol, vive casi siempre pendiente del BOE.
Lo suyo fue, sin duda, un guiño a las futuras nuevas autoridades energéticas, desconocidas en el momento en que tuvo lugar el acto. Resuélvanme, por favor, mi problema con la bombona de butano (precio y distribución) y no dejen en saco roto otras reclamaciones históricas, como la subvención encubierta de los gasóleos y otras lindezas. Tomen nota.

 

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