N 1691 3 mayo 2004

TRIBUNA DE OPINIÓN
JESÚS EGUIGUREN
A vueltas con Cataluña
Hace unos días, mi compañero Miguel Buen hizo unas manifestaciones públicas en las que señalaba que los únicos que no se habían enterado de que se abría un nuevo tiempo político eran los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
Han pasado varias semanas de aquello y los hechos ratifican lo dicho por mi compañero. El PNV todavía no ha logrado adaptarse a la nueva situación política que se vive en España y, también, en Euskadi.
En su agenda política no figuraba la posibilidad de un cambio político en España. Fiaban toda su acción política a continuar la política de confrontación con el Estado español con Mariano Rajoy instalado en La Moncloa. La victoria socialista ha cogido al PNV con el pie cambiado y sin un discurso adaptado a los vientos de diálogo que recorren España.
El PNV tiene un programa político pensado para la confrontación con un Gobierno del Partido Popular (PP), pero en ningún modo para el diálogo con un Gobierno socialista.
Esta desorientación política se nota cuando los dirigentes del PNV hacen llamamientos a los socialistas vascos para que sigamos el ejemplo del president de la Generalitat, el socialista Pasqual Maragall, en Cataluña.
Pues bien, Vía Maragall, cuando quieran, señores dirigentes del PNV. Cuando quieran. Pero sepan ustedes y toda la ciudadanía que el procedimiento para la reforma estatutaria impulsado por el Gobierno de izquierda de Cataluña es incompatible con el proyecto soberanista que defiende el lehendakari Juan José Ibarretxe, el plan Ibarretxe.
La gravedad de la vía impulsada por el lehendakari no reside sólo en su contenido. La forma en que se ha presentado, su unilateralidad, lo vicia de origen. Constituye una osadía que quien no es capaz de aprobar unos Presupuestos en el Parlamento vasco, se embarque unilateralmente en una aventura dirigida a conseguir un nuevo estatus político y jurídico para el País Vasco.
Los consensos básicos no se consiguen tratando de imponer, ab initio, métodos y contenidos. Los verdaderos consensos políticos se construyen a partir de un esfuerzo para lograr un diagnóstico común y compartido. Esfuerzo que ni se ha intentado por parte nacionalista. Los verdaderos consensos no se alcanzan con desafíos ni con ningún tipo de ultimátum.
Los verdaderos consensos se consiguen argumentando y contraargumentando, con buena fe, con espíritu constructivo, con voluntad de potenciar lo que nos une, más que lo que nos separa.
El método es relativamente sencillo: partamos de una voluntad común de que es necesario reformar el Estatuto de Guernica. Sentemos las bases de la reforma. Comprometámonos a respetar los cauces legalmente establecidos en el Estatuto y en la Constitución.
A partir de ahí se abren las posibilidades para el acuerdo. Concretemos contenidos. Negociémoslos con pragmatismo. Alcancemos un acuerdo de amplia base en el que nos sintamos cómodos la gran mayoría de los vascos.
Y luego, una vez alcanzado este acuerdo, negociemos con las instituciones del Estado para que hagan suyas las propuestas que por consenso, sin imposiciones, y con arreglo a Derecho, hayamos conseguido concretar los vascos poniéndonos de acuerdo.
Básicamente en eso consiste la Vía Maragall. Una vía, por cierto, que en absoluto es extraña en el País Vasco. La vía abierta por el Gobierno catalán se inserta dentro de lo que podemos calificar el pactismo vasco. Una filosofía y una práctica que forma parte del acervo político y de la tradición de los vascos y que el plan Ibarretxe quiebra.
Pido a los dirigentes nacionalistas que no se escuden en la vía abierta por el Presidente de la Generalitat, para mantener un Plan que nada tiene que ver con ella. Pido que sean coherentes y que, si verdaderamente quieren recorrer un camino similar al iniciado en Cataluña por Pasqual Maragall, renuncien a seguir adelante con el plan Ibarretxe, ya que ambos son claramente incompatibles.
El nuevo Gobierno del Partido Socialista ha apostado por una dinámica política de adaptación de algunos sistemas autonómicos a la realidad española del siglo XXI.
Un nuevo Gobierno que cree en la pluralidad de la sociedad española y en el Estado de las Autonomías como cauce político para el reconocimiento de dicha pluralidad. Euskadi no puede quedar marginada de esa dinámica por el empecinamiento de un nacionalismo que no acaba de asimilar que se les ha terminado el “chollo” de tener enfrente al PP.
El plan Ibarretxe, de repente, se ha quedado antiguo, desfasado. Sin haber conseguido ni un solo apoyo más que los que ya tenía en setiembre de 2002, cuando se presentó a bombo y platillo. El Plan del lehendakari pertenece definitivamente al pasado.
Creo que fue el propio Ibarretxe el que, para justificar la presentación de su Plan, dijo no que podían esperar a que Zapatero llegase al Gobierno. Realmente es que no esperaban que los socialistas íbamos a ganar las elecciones. Antes de lo que Ibarretxe pensaba Zapatero ha sido investido presidente del Gobierno de España pero el nacionalismo vasco no se ha enterado. Sigue con discursos del pasado.
 

DOMINGUEZ MORENO:Otegi y el camino de la paz

FRANCISCO CAPARROS :La amarga travesía del destino

DIEGO CABALLERO:La burbuja del poder atrapa a Zapatero

ALBERTO VALVERDE: Una OPA al revés para Gas Natural

RAMÓN VILARÓ Marta Ferrusola, memorias y robos

JESÚS EGUIGURENA vueltas con Cataluña

SANTIAGO LOPEZ CASTILLO: Contra el español

JUAN LUCIO: El burladero

EDITORIAL: El presidente cumple

 
Resolución mínima: 800x600 EDITORIAL 16
cambio16@cambio16.info