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Hace
unos días, mi compañero Miguel Buen hizo unas
manifestaciones públicas en las que señalaba
que los únicos que no se habían enterado de
que se abría un nuevo tiempo político eran los
dirigentes del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
Han pasado varias semanas de aquello y los hechos ratifican
lo dicho por mi compañero. El PNV todavía no
ha logrado adaptarse a la nueva situación política
que se vive en España y, también, en Euskadi.
En su agenda política no figuraba la posibilidad de
un cambio político en España. Fiaban toda su
acción política a continuar la política
de confrontación con el Estado español con Mariano
Rajoy instalado en La Moncloa. La victoria socialista ha cogido
al PNV con el pie cambiado y sin un discurso adaptado a los
vientos de diálogo que recorren España.
El PNV tiene un programa político pensado para la confrontación
con un Gobierno del Partido Popular (PP), pero en ningún
modo para el diálogo con un Gobierno socialista.
Esta desorientación política se nota cuando
los dirigentes del PNV hacen llamamientos a los socialistas
vascos para que sigamos el ejemplo del president de la Generalitat,
el socialista Pasqual Maragall, en Cataluña.
Pues bien, Vía Maragall, cuando quieran, señores
dirigentes del PNV. Cuando quieran. Pero sepan ustedes y toda
la ciudadanía que el procedimiento para la reforma
estatutaria impulsado por el Gobierno de izquierda de Cataluña
es incompatible con el proyecto soberanista que defiende el
lehendakari Juan José Ibarretxe, el plan Ibarretxe.
La gravedad de la vía impulsada por el lehendakari
no reside sólo en su contenido. La forma en que se
ha presentado, su unilateralidad, lo vicia de origen. Constituye
una osadía que quien no es capaz de aprobar unos Presupuestos
en el Parlamento vasco, se embarque unilateralmente en una
aventura dirigida a conseguir un nuevo estatus político
y jurídico para el País Vasco.
Los consensos básicos no se consiguen tratando de imponer,
ab initio, métodos y contenidos. Los verdaderos consensos
políticos se construyen a partir de un esfuerzo para
lograr un diagnóstico común y compartido. Esfuerzo
que ni se ha intentado por parte nacionalista. Los verdaderos
consensos no se alcanzan con desafíos ni con ningún
tipo de ultimátum.
Los verdaderos consensos se consiguen argumentando y contraargumentando,
con buena fe, con espíritu constructivo, con voluntad
de potenciar lo que nos une, más que lo que nos separa.
El método es relativamente sencillo: partamos de una
voluntad común de que es necesario reformar el Estatuto
de Guernica. Sentemos las bases de la reforma. Comprometámonos
a respetar los cauces legalmente establecidos en el Estatuto
y en la Constitución.
A partir de ahí se abren las posibilidades para el
acuerdo. Concretemos contenidos. Negociémoslos con
pragmatismo. Alcancemos un acuerdo de amplia base en el que
nos sintamos cómodos la gran mayoría de los
vascos.
Y luego, una vez alcanzado este acuerdo, negociemos con las
instituciones del Estado para que hagan suyas las propuestas
que por consenso, sin imposiciones, y con arreglo a Derecho,
hayamos conseguido concretar los vascos poniéndonos
de acuerdo.
Básicamente en eso consiste la Vía Maragall.
Una vía, por cierto, que en absoluto es extraña
en el País Vasco. La vía abierta por el Gobierno
catalán se inserta dentro de lo que podemos calificar
el pactismo vasco. Una filosofía y una práctica
que forma parte del acervo político y de la tradición
de los vascos y que el plan Ibarretxe quiebra.
Pido a los dirigentes nacionalistas que no se escuden en la
vía abierta por el Presidente de la Generalitat, para
mantener un Plan que nada tiene que ver con ella. Pido que
sean coherentes y que, si verdaderamente quieren recorrer
un camino similar al iniciado en Cataluña por Pasqual
Maragall, renuncien a seguir adelante con el plan Ibarretxe,
ya que ambos son claramente incompatibles.
El nuevo Gobierno del Partido Socialista ha apostado por una
dinámica política de adaptación de algunos
sistemas autonómicos a la realidad española
del siglo XXI.
Un nuevo Gobierno que cree en la pluralidad de la sociedad
española y en el Estado de las Autonomías como
cauce político para el reconocimiento de dicha pluralidad.
Euskadi no puede quedar marginada de esa dinámica por
el empecinamiento de un nacionalismo que no acaba de asimilar
que se les ha terminado el “chollo” de tener enfrente
al PP.
El plan Ibarretxe, de repente, se ha quedado antiguo, desfasado.
Sin haber conseguido ni un solo apoyo más que los que
ya tenía en setiembre de 2002, cuando se presentó
a bombo y platillo. El Plan del lehendakari pertenece definitivamente
al pasado.
Creo que fue el propio Ibarretxe el que, para justificar la
presentación de su Plan, dijo no que podían
esperar a que Zapatero llegase al Gobierno. Realmente es que
no esperaban que los socialistas íbamos a ganar las
elecciones. Antes de lo que Ibarretxe pensaba Zapatero ha
sido investido presidente del Gobierno de España pero
el nacionalismo vasco no se ha enterado. Sigue con discursos
del pasado. |