N 1691 3 mayo 2004

  EDITORIAL

El presidente cumple

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha cumplido escrupulosamente su palabra, elevada a promesa electoral, al ordenar la retirada inmediata de las tropas españolas desplazadas a Irak al conocer, a través de su ministro de Exteriores, que ni Estados Unidos ni Reino Unido —ya no se puede hacer mención del trío de las Azores— no estaban dispuestos a que Naciones Unidas tomará el control de la situación. Se trata pues de una decisión soberana de un Gobierno democrático que es ajena al efecto dominó que pueda producir en otros países —coaligados en muchos casos a la fuerza de los dos principales ocupantes— que ya han anunciado la retirada o que la anunciará en breve y que, al igual que España, están hartos de tantas mentiras sobre una guerra ilegal cuyo proceso de vietnamización puede conducir a un escenario dantesco, a una catástrofe humanitaria sin precedentes y, lo que es aún peor, a una radicalización del terrorismo global islamista que amenaza al mundo occidental con un choque de civilizaciones y culturas.
Se podrá estar de acuerdo o no con las formas en las que se ha producido tan esperado anuncio, con la interrupción de las programaciones televisivas un domingo por la tarde, aunque Zapatero se cuidó de solicitar la comparecencia urgente en el Congreso de los Diputados para explicar en sede parlamentaria una decisión tan trascendental. Resulta loable en ese sentido la capacidad de rectificación del nuevo Gobierno al entender que había errado al negarse a que la Cámara votara finalmente, tras el debate, una propuesta de resolución. No habría resultado creíble mantenerla y no enmendarla, sobre todo porque el talante dialogante y humilde de Zapatero se habría puesto a la altura del anterior Gobierno, cuya prepotencia y cuyas mentiras movilizaron a un electorado que ni antes ni ahora se va a dejar manipular. Flaco favor le hace a su partido el ex presidente del Gobierno —en una situación en la que el PP digiere aún con dificultad la derrota electoral— cuando se apresura a coger el teléfono y llamar a su amigo George Bush para lamentar las posiciones de su Gobierno. Los nuevos dirigentes del PP, al igual que le ocurrió al PSOE cuando Felipe González fue desalojado de La Moncloa, tienen el enemigo dentro, por lo que deberán trabajar con ahínco para recuperar una credibilidad pisoteada por la prepotencia y la demagogia, por el desprecio a la verdad. Que nuestros soldados vuelvan a casa de un infierno en el que nos habían metido en contra de nuestra voluntad es, sin duda, una buena noticia para todos. Que Bush se sienta decepcionado al comprobar que su amigo español ya no es servil y cómplice de la masacre entre también dentro de la lógica. Todo ello no quiere decir que España haya perdido peso e influencia internacional. Ni mucho menos. El ministro Moratinos, que ya demostró su capacidad de mediador en Oriente Medio, tiene todavía mucho que hacer por la paz en el mundo. De lo que pase en Irak y de lo que pueda pasar a partir de ahora ya no somos responsables.


 

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EDITORIAL: El presidente cumple

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