 |
Sólo
los imbéciles, puede también que los ignotos,
desdeñan algo tan importante como el español.
Quiero decir, la lengua española, que muchos se empeñan
en llamarla castellano, mas no existe diccionario castellano-italiano
ni francés-castellano y sí español-inglés
pongamos por caso.
Esa disyuntiva quedaría para las tertulias de salón
si no fuera porque de lo que se trata, lo que duele, es el
reiterado desprecio por nuestra lengua común sin menospreciar,
por supuesto, otras natales como el vascuence, el catalán
y el gallego (lo de la fabla, el bable y el cheli son hablas
menores aunque siempre respetables).
Los filólogos, que también entran en el juego
de las estadísticas y los pronósticos, anuncian
que de aquí a 300 años no habrá más
idiomas en el mundo que el chino-mandarín, el español
y el inglés. Ello contrasta con la medida del tripartito
o tridente, depende del dolor de los pinchos, que no tiene
más obsesión que erradicar de Cataluña
todo lo que huela a español.
Y, de momento —si Zapatero no lo remedia—, usted
y servidor somos España, señores. Mal que les
pese a los de la periferia.
Octavio Paz, el insigne poeta mexicano, que fue gloria bendita
y en gloria esté, dijo en el I Congreso Internacional
de la Lengua Española, allá por el 97 —qué
pena del 98, el bueno, eso lo digo yo—, que “el
español es el signo mayor de nuestra condición
hispana”. Lástima que sentencias tan certeras
vayan al cesto de los papeles y prevalezca la abreviación
de las palabras, el todo sincopado y la mentecatez del lenguaje
sexista: españolas y españoles, ciudadanos y
ciudadanas, etcétera, que tan buen resultado le ha
dado al PSOE y al que se ha apuntado el acomplejado PP. Ahondando
en lo que es el lenguaje, sintaxis y ortografía, también
Camilo José Cela se quejaba en aquel certamen diciendo
que “nuestra lengua común, el español,
ha venido siendo ignorada, cuando no zaherida, oficial y administrativamente
en no pocos países…” (se refería
a Filipinas y Guinea, principalmente). Y añadía
en aquel memorable discurso: “No usemos la lengua para
la guerra, y menos para la guerra de las lenguas, sino para
la paz, y sobre todo para la paz entre las lenguas”.
Asimismo, el académico Julián Marías,
prolijo y estudioso del idioma, como así lo reflejó
como constituyente en el Senado por su condición regia,
ha escrito cosas como ésta: “El español
es ahora la lengua de España —con perdón
de los que tienen vocación de “aldeanismo”—
y de la mayor parte de América”.
No se entiende, por otro lado, que Zapatero, descubridor de
Cervantes —muchos de nuestros maleducados no lo diferenciarían
de algún cantante mostrenco—, trate de que su
gobierno sea obligado a imponer el catalán en Europa
por aquello de los compromisos con Carod-Rovira, odio a España.
¿Qué se hizo, entonces, del bilingüismo?
¿Qué dice la Constitución al respecto?
¿Cuál es nuestra lengua oficial? ¿Y la
bandera…?
El articulado de la Carta Magna otorga paridad a las comunidades
autónomas. Los nacionalismos avanzan, el Estado retrocede.
Va de culo… |