N 1691 3 mayo 2004

  LA VENTANA DISCRETA
SANTIAGO LOPEZ CASTILLO
Contra el español
Sólo los imbéciles, puede también que los ignotos, desdeñan algo tan importante como el español. Quiero decir, la lengua española, que muchos se empeñan en llamarla castellano, mas no existe diccionario castellano-italiano ni francés-castellano y sí español-inglés pongamos por caso.
Esa disyuntiva quedaría para las tertulias de salón si no fuera porque de lo que se trata, lo que duele, es el reiterado desprecio por nuestra lengua común sin menospreciar, por supuesto, otras natales como el vascuence, el catalán y el gallego (lo de la fabla, el bable y el cheli son hablas menores aunque siempre respetables).
Los filólogos, que también entran en el juego de las estadísticas y los pronósticos, anuncian que de aquí a 300 años no habrá más idiomas en el mundo que el chino-mandarín, el español y el inglés. Ello contrasta con la medida del tripartito o tridente, depende del dolor de los pinchos, que no tiene más obsesión que erradicar de Cataluña todo lo que huela a español.
Y, de momento —si Zapatero no lo remedia—, usted y servidor somos España, señores. Mal que les pese a los de la periferia.
Octavio Paz, el insigne poeta mexicano, que fue gloria bendita y en gloria esté, dijo en el I Congreso Internacional de la Lengua Española, allá por el 97 —qué pena del 98, el bueno, eso lo digo yo—, que “el español es el signo mayor de nuestra condición hispana”. Lástima que sentencias tan certeras vayan al cesto de los papeles y prevalezca la abreviación de las palabras, el todo sincopado y la mentecatez del lenguaje sexista: españolas y españoles, ciudadanos y ciudadanas, etcétera, que tan buen resultado le ha dado al PSOE y al que se ha apuntado el acomplejado PP. Ahondando en lo que es el lenguaje, sintaxis y ortografía, también Camilo José Cela se quejaba en aquel certamen diciendo que “nuestra lengua común, el español, ha venido siendo ignorada, cuando no zaherida, oficial y administrativamente en no pocos países…” (se refería a Filipinas y Guinea, principalmente). Y añadía en aquel memorable discurso: “No usemos la lengua para la guerra, y menos para la guerra de las lenguas, sino para la paz, y sobre todo para la paz entre las lenguas”. Asimismo, el académico Julián Marías, prolijo y estudioso del idioma, como así lo reflejó como constituyente en el Senado por su condición regia, ha escrito cosas como ésta: “El español es ahora la lengua de España —con perdón de los que tienen vocación de “aldeanismo”— y de la mayor parte de América”.
No se entiende, por otro lado, que Zapatero, descubridor de Cervantes —muchos de nuestros maleducados no lo diferenciarían de algún cantante mostrenco—, trate de que su gobierno sea obligado a imponer el catalán en Europa por aquello de los compromisos con Carod-Rovira, odio a España. ¿Qué se hizo, entonces, del bilingüismo? ¿Qué dice la Constitución al respecto? ¿Cuál es nuestra lengua oficial? ¿Y la bandera…?
El articulado de la Carta Magna otorga paridad a las comunidades autónomas. Los nacionalismos avanzan, el Estado retrocede. Va de culo…
 

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