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El
poder real manipula, tuerce, seduce, deforma. Los que como
Zapatero se aventuran a diagnosticar que nunca les cambiará
suelen ser las víctimas propiciatorias que caen en
sus redes y por hastío o terquedad se dejan llevar
en la corriente, hasta que se convierten en pequeños
dioses llenos de presunción, vanidosos, capaces de
mentir hasta la necedad con tal de seguir arriba, en el pico
de la pirámide. Pero un día, a menudo lejano,
los arrojan de la burbuja. Los que le arroparon y entregaron
las llaves de la caja los detestarán al aflorar la
falsedad. Van a lo que van. Mueren de éxito cuando
sus cambalaches ominosos se juntan y pudren. Cuando los demás
se caen del guindo.
No digo que ahora vaya a ocurrir así, ni lo contrario.
El hombre tranquilo, blando, enseñará las garras
para que nadie vuelva a
caer en la tentación de recordarle sus hombreras, el
pasado de Bambi. Pero él sabe que su entrada en La
Moncloa nace con fuertes hipotecas: la contraída con
los tres barones y Felipe González. La mitad de su
cuerpo de asesores y estilistas de diseño precoz procede
de cuando la ilusión de izquierda oral se trocó
en derechona real, voraz, corrupta, atosigante.
A pesar de la confianza depositada por los votantes, en especial
los jóvenes abstencionistas que han dado su brazo a
torcer para que Aznar se pierda de una vez por el paraninfo
de una universidad jesuítica, lo normal es que se tenga
la mosca detrás de la oreja. A cuenta de la anunciada
retirada de las tropas de Irak sobresale la cartelería
felipista del “OTAN, de entrada no” y al instante
el país estaba con la cabeza embutida hasta las cejas
en la alianza militar. Bono es llamado a filas por los mariachis
del emperador Bush y a su regreso calla, mueve fichas y las
oculta.
Antes de sentarse en la mesa del consejo de ministros lanzan
moratorias a troche y moche sobre lo que iban a liquidar porque
así se les ha pedido a voz en grito en la calle y en
los colegios electorales. Si tragan con la Ley de Calidad
de la Enseñanza es que han topado con la Iglesia católica,
que les ofrecerá en prenda púlpitos y micrófonos
de la Cope, siempre que los obispos sigan nombrando con el
dedo púrpura a los profesores de Religión que
se pagan con los presupuestos del Estado. Sin obviar a los
bancos, a los que tanto deben. En plena campaña nos
obnubiló el plano colorista de Emilio Botín
apadrinando una conferencia, puesta en escena de ZP, a quien
en la casa del banquero ya admiraban a rabiar a la hora de
degustar ostras y centollos.
Es lo que a menudo rodea al “número uno”,
los capaces (de casi todo) como Rubalcaba y los babosos, aquéllos
que se han visto sorprendidos y dan raudos el salto para recoger
la miel. Veremos qué pasa con la política informativa
del PSOE, si no nos falla. Hasta hace un rato Urdaci y sus
mosqueteros eran símbolo demostrado de manipulación.
Si ZP no modifica el entramado que ahoga la libertad ni desiste
del partidismo y los fieles del relumbrón será
de lo malo lo peor.
Empleo seguro, educación pública, medios sin
ataduras, crítica, desparpajo, imaginación,
utopía, cultura, debate. La basura, al contenedor.
Planeta a sus libros, Telefónica a sus líneas.
Para saber cómo se lo montan los de los bolsillos llenos.
Sin jugar sucio, sin perder la memoria.
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