| TRIBUNA
DE OPINIÓN |
| VICENTE
LÓPEZ PASCUAL |
| Preguntas
sobre la crisis de Perejil |
Un
desapasionado examen del contencioso hispano-marroquí
puesto en marcha con la ocupación de la isla Perejil,
muestra que, lejos de fortalecerse, los mecanismos de seguridad
colectivos de la UE no han servido nada más que para
abrir una brecha entre las relaciones de España con sus
socios europeos, particularmente con Francia.
París ha dado la espalda a Madrid, poniendo en evidencia
que el Gobierno francés no tiene ninguna intención
de ayudar al Gobierno español si éste llegara
a repetir un conflicto con Marruecos. La desconfianza mutua
que invade las relaciones entre Madrid y París no beneficia
en nada la posición de España en Europa, como
ha quedado bien claro en esta última ocasión.
Las diferencias entre los dos países, respecto a Marruecos,
se ha hecho innegablemente dramática.
Habrá que preguntarse también el por qué
la diplomacia europea en su conjunto ha hecho tan poco por aliviar
el conflicto, permitiendo de manera asombrosa que el centro
de gravedad de la crisis no estuviera ni en Madrid ni en Bruselas,
si no en Washington. Una actitud más firme y clara de
la UE habría sido esencial para hacer que la decisión
norteamericana de intervenir fuese menos probable, o al menos
no tan obviamente clara.
La debilidad de la seguridad colectiva europea pone al descubierto
que los intereses de la UE rara vez son uniformes. Por consiguiente,
los integrantes de ese sistema de seguridad han preferido más,
en esta ocasión, la inacción que la acción
conjunta, adornándola, eso sí, con brillantes
generalidades.
Por ello, la pregunta que nos deberíamos hacer es si
se evaluaron correctamente las consecuencias del éxito
de la toma de Perejil, ya que parece que, en este caso, las
evaluaciones españolas han seguido la decisión
política en lugar de guiarla.
La decisión de tomar Perejil por España estuvo
bien adoptada, pero ¿fue necesario rodearla del aparato
propagandístico que se aplicó sin tener en cuenta
las reacciones de nuestros aliados? ¿Quién diseñó
la campaña sicológica antimarroquí que
en algunos momentos pareció estar al servicio de una
ideología de cruzado?
En la vida escribió Georges Bernard Shaw,
hay dos tragedias: una consiste en no lograr lo que más
se desea, la otra es lograrlo. España logró
una victoria sin guerra, pero ¿ se evaluaron las consecuencias
del día siguiente? La historia demuestra que lo más
difícil no es tomar una posición, sino mantenerla.
Y, en este caso, las reacciones de apoyo encubierto a Marruecos
han dado un giro en la política internacional cuyo resultado
más claro ha sido la falta de reflejos de la política
exterior de la UE en beneficio de los Estado Unidos de América,
que ha tratado como iguales a un país miembro de la UE
y uno asociado, como es Marruecos.
Habrá que analizar desapasionadamente quién es
el responsable de este escandaloso giro de los acontecimientos.
¿Quién ha fallado en la valoración de la
amenaza marroquí? ¿Por qué no se ha tenido
en cuenta que la valoración de la amenaza es un ejercicio
permanente, en el que se trata de adivinar los medios y las
posibles salidas del contrario? ¿Quién se ha quedado
únicamente en la valoración de lo que se podía
hacer contra Marruecos, sin evaluar el grado de
su relaciones entre nuestros aliados?
Mostrar prisas es algo que rara vez apresura las negociaciones.
Ningún estadista experimentado firma un acuerdo sólo
porque su interlocutor se siente apremiado; es mucho más
probable que aproveche tal impaciencia para tratar de obtener
mejores condiciones. Y en el caso de Perejil las causas son
más profundas. De hecho, la reclamación de Rabat
sólo es un pretexto que esconde otros más estratégicos
como la marroquinización de Ceuta, Melilla y el Sahara
Occidental. Los acontecimientos están por venir. En las
relaciones con Marruecos no hay un claro punto final, lo más
probable es que la solución al problema de Perejil dé
lugar a otro. Para ello se debería aplicar de inmediato
una política de apaciguamiento, silenciando las declaraciones
de quienes ven en Marruecos sólo un adversario peligroso.
Hay que aplacar el patriotismo exacerbado y la tradicional suposición
maniquea de que cada país es amigo o enemigo, ya que
en el mundo real, son una combinación de ambas cosas.
Vicente López Pascual es licenciado en Derecho y master
de Ciencias Políticas por la Universidad Simón
Bolívar de Caracas |
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