N 1599   29 julio 2002

  CABO EN GATA
FERNANDO REILEIN
¿Y ahora qué?
Impecable. Es cierto que ha sido impecable no solamente la ocupación del islote Perejil y el desalojo de los militares marroquíes, sino todo el proceso desde que el 16 de julio los españoles se desayunaran con aquella “invasión” que en principio causó risa, pero que luego causó preocupación, como podía ser menos, al analizarse los hechos desde el territorio de los principios. Perejil pasó de ser una piedra grande a un símbolo y al posible principio de algo que no se sabía dónde podía llegar si no se atajaba. Y se atajó. España trató de agotar todas las vías diplomáticas y de diálogo. No puede decirse que actuara con precipitación, sino todo lo contrario. Agotaron las vías del diálogo, pero permitieron que el asunto se pudriera en el fango del chiste y de la minimización del problema, no tan mínimo como el islote en cuestión.

En el otro lado, parece que las autoridades marroquíes se han equivocado en el envite y los consejeros de Mohamed VI no han sabido hacer bien su trabajo o, lo que sería aún peor, no lo han conseguido. Pero veamos uno a uno los diferentes escenarios:

Escenario geográfico. El Estrecho une más que separa a dos países que no han estado en paz, realmente, nada más que desde 1976 al 2002. Existen una serie de islitas de soberanía española a pocos metros de la costa de Marruecos, que este país reivindica, junto a las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla. Perejil no era una de estas islitas. Cuando las fuerzas armadas marroquíes la ocupan obligan a España a todo un despliegue militar en la zona que, de prolongarse, podía causar más gasto y fatiga del que pueda a priori pensarse.
Escenario internacional. Por primera vez España no ha estado sola, sino respaldada por los organismos internacionales, desde la UE —con las vacilaciones francesas, cosa esperada por supuesto, por su especial relación con Rabat y sus propios intereses— a la OTAN, que en contra de lo dicho hasta ahora sí tendría que pronunciarse si se diera el hecho de un ataque a las islas o a las aeronaves españolas en el Mediterráneo. Este apoyo inequívoco debería haber sido medido por Marruecos antes de echar el envite, y no lo ha hecho. ¿O acaso sí y ha arrostrado los riesgos?

Escenario africano. Aquí hay que tener muy presente una fecha: 31 de julio, y la reunión de la comisión de la ONU para decidir sobre el futuro del Sahara o sobre aplazar la decisión. Hasta ahora, de ese “club de amigos” tan sólo Rusia y España defienden la tesis de la autodeterminación, mientras el resto, en la estela de Estados Unidos, apoya la autonomía rechazada por el Polisario. Desligar el incidente de Perejil del conflicto del Sahara sería un error de análisis importante. Pero no se debe olvidar tampoco —y casi diría mucho menos— la confrontación entre ambos países en el asunto de las reservas del petróleo en aguas atlánticas entre Canarias y Sahara, en cuyo asunto Estados Unidos quiere tener y tendrá mucho que decir. Y por último, la vieja reivindicación de Ceuta y Melilla por parte de Marruecos.

Escenario marroquí. Nos encontramos con un régimen no democrático cuyo jefe de Estado es el rey, con poder ejecutivo absoluto en la práctica y con poder ejecutivo de “jure” también sobre Exteriores y Defensa. La oposición democrática laica es débil y el peligro del integrismo islámico, además de real, se ha intensificado desde el 11 de septiembre, extremo que siempre ha sido, y ahora más, jugado con habilidad por la monarquía alauí para obtener tolerancia y favores del mundo occidental y mucho más del “amigo americano”.

Escenario español. España ya no es lo que fue durante la agonía de Franco ni mucho menos. Existe un sistema consolidado y democrático, que ha generado un Gobierno fuerte y en este caso, responsable. Y una oposición que también lo ha sido. Además, que nadie se llame a engaño; el Gobierno tenía previsto actuaciones de este tipo por parte de sus vecinos tal como se señalaba en el informe de la Revisión Estratégica que se hizo público en el periódico La Razón en noviembre del 2001. Y al margen de esto último, pensar que nuestra inteligencia militar y nuestro Estado Mayor Conjunto no analiza este tipo de riesgos y amenazas es pensar que son idiotas. Y no lo son. Una operación de este tipo no se planea, hasta sus últimos detalles, en pocos días.

Escenario jurídico. Perejil puede ser española o no serlo. Hay informes para todos los gustos. Que el Tribunal de La Haya resuelva, y si lo hace a favor de Marruecos, que se le entregue. El uso compartido entre tanto para combatir la inmigración ilegal y el narcotráfico no es mala solución.

¿Y ahora? No hay que olvidar que se ha humillado a Marruecos, aunque no sea menos cierto que era imprescindible ante su error en el envite. Pero a la pregunta sólo puede darse una respuesta: dialogar y dialogar desde la firmeza. Y si hay garantías, retirar tropas y símbolos, como ha dicho la ministra de Exteriores.

Nota. ¿Se dieron ustedes cuenta de la cara de cabreo de Caldera en la Comisión de Defensa? Era todo un poema. De haber ganado horas antes el Debate de la nación, a puntos, pasaban a ver un Gobierno al que los votantes se le ponían en fila. Se comprende la cara del dirigente socialista.

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FRANCISCO CAPARRÓS: Perejil, Sahara, Ceuta y Melilla
MANUEL DOMÍNGUEZ:
La del alba sería...--
ANTONIO GÓMEZ RUFO:
La generación del cambio (IV)
ALBERTO VALVERDE:
Intento de marco eléctrico
FERNANDO REILEIN:
¿Y ahora qué?
EDITORIAL:
Zapatero pasa la reválida


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