| CABO
EN GATA |
| FERNANDO
REILEIN |
| ¿Y
ahora qué? |
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Impecable. Es cierto
que ha sido impecable no solamente la ocupación del islote
Perejil y el desalojo de los militares marroquíes, sino
todo el proceso desde que el 16 de julio los españoles
se desayunaran con aquella invasión que en
principio causó risa, pero que luego causó preocupación,
como podía ser menos, al analizarse los hechos desde
el territorio de los principios. Perejil pasó de ser
una piedra grande a un símbolo y al posible principio
de algo que no se sabía dónde podía llegar
si no se atajaba. Y se atajó. España trató
de agotar todas las vías diplomáticas y de diálogo.
No puede decirse que actuara con precipitación, sino
todo lo contrario. Agotaron las vías del diálogo,
pero permitieron que el asunto se pudriera en el fango del chiste
y de la minimización del problema, no tan mínimo
como el islote en cuestión.
En el otro lado, parece que las autoridades marroquíes
se han equivocado en el envite y los consejeros de Mohamed VI
no han sabido hacer bien su trabajo o, lo que sería aún
peor, no lo han conseguido. Pero veamos uno a uno los diferentes
escenarios:
Escenario geográfico. El Estrecho une más que
separa a dos países que no han estado en paz, realmente,
nada más que desde 1976 al 2002. Existen una serie de
islitas de soberanía española a pocos metros de
la costa de Marruecos, que este país reivindica, junto
a las ciudades autónomas españolas de Ceuta y
Melilla. Perejil no era una de estas islitas. Cuando las fuerzas
armadas marroquíes la ocupan obligan a España
a todo un despliegue militar en la zona que, de prolongarse,
podía causar más gasto y fatiga del que pueda
a priori pensarse.
Escenario internacional. Por primera vez España no ha
estado sola, sino respaldada por los organismos internacionales,
desde la UE con las vacilaciones francesas, cosa esperada
por supuesto, por su especial relación con Rabat y sus
propios intereses a la OTAN, que en contra de lo dicho
hasta ahora sí tendría que pronunciarse si se
diera el hecho de un ataque a las islas o a las aeronaves españolas
en el Mediterráneo. Este apoyo inequívoco debería
haber sido medido por Marruecos antes de echar el envite, y
no lo ha hecho. ¿O acaso sí y ha arrostrado los
riesgos?
Escenario africano. Aquí hay que tener muy presente una
fecha: 31 de julio, y la reunión de la comisión
de la ONU para decidir sobre el futuro del Sahara o sobre aplazar
la decisión. Hasta ahora, de ese club de amigos
tan sólo Rusia y España defienden la tesis de
la autodeterminación, mientras el resto, en la estela
de Estados Unidos, apoya la autonomía rechazada por el
Polisario. Desligar el incidente de Perejil del conflicto del
Sahara sería un error de análisis importante.
Pero no se debe olvidar tampoco y casi diría mucho
menos la confrontación entre ambos países
en el asunto de las reservas del petróleo en aguas atlánticas
entre Canarias y Sahara, en cuyo asunto Estados Unidos quiere
tener y tendrá mucho que decir. Y por último,
la vieja reivindicación de Ceuta y Melilla por parte
de Marruecos.
Escenario marroquí. Nos encontramos con un régimen
no democrático cuyo jefe de Estado es el rey, con poder
ejecutivo absoluto en la práctica y con poder ejecutivo
de jure también sobre Exteriores y Defensa.
La oposición democrática laica es débil
y el peligro del integrismo islámico, además de
real, se ha intensificado desde el 11 de septiembre, extremo
que siempre ha sido, y ahora más, jugado con habilidad
por la monarquía alauí para obtener tolerancia
y favores del mundo occidental y mucho más del amigo
americano.
Escenario español. España ya no es lo que fue
durante la agonía de Franco ni mucho menos. Existe un
sistema consolidado y democrático, que ha generado un
Gobierno fuerte y en este caso, responsable. Y una oposición
que también lo ha sido. Además, que nadie se llame
a engaño; el Gobierno tenía previsto actuaciones
de este tipo por parte de sus vecinos tal como se señalaba
en el informe de la Revisión Estratégica que se
hizo público en el periódico La Razón en
noviembre del 2001. Y al margen de esto último, pensar
que nuestra inteligencia militar y nuestro Estado Mayor Conjunto
no analiza este tipo de riesgos y amenazas es pensar que son
idiotas. Y no lo son. Una operación de este tipo no se
planea, hasta sus últimos detalles, en pocos días.
Escenario jurídico. Perejil puede ser española
o no serlo. Hay informes para todos los gustos. Que el Tribunal
de La Haya resuelva, y si lo hace a favor de Marruecos, que
se le entregue. El uso compartido entre tanto para combatir
la inmigración ilegal y el narcotráfico no es
mala solución.
¿Y ahora? No hay que olvidar que se ha humillado a Marruecos,
aunque no sea menos cierto que era imprescindible ante su error
en el envite. Pero a la pregunta sólo puede darse una
respuesta: dialogar y dialogar desde la firmeza. Y si hay garantías,
retirar tropas y símbolos, como ha dicho la ministra
de Exteriores.
Nota. ¿Se dieron ustedes cuenta de la cara de cabreo
de Caldera en la Comisión de Defensa? Era todo un poema.
De haber ganado horas antes el Debate de la nación, a
puntos, pasaban a ver un Gobierno al que los votantes se le
ponían en fila. Se comprende la cara del dirigente socialista.
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