N 1599   29 julio 2002

  EDITORIAL
Zapatero pasa la reválida
No caba la menor duda de que el líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, ha superado con nota la reválida del Debate sobre el estado de la nación, confirmando que el PSOE, después de tantos devaneos e incertidumbres, tiene un firme candidato a la Presidencia del Gobierno y consolidando una alternativa de poder que había sido cuestionada hasta el hartazgo por el PP y por José María Aznar, quien se vio sorprendido por la agilidad, frescura y responsabilidad de su oponente, quien no mostró ningún reparo en secundar la acción del Gobierno en cuestiones fundamentales, como la lucha contra el terrorismo, la inmigración, el soberanismo insolente y el desafío institucional del PNV o una política exterior sacudida por la crisis diplomática con Marruecos y la inopinada toma del islote Perejil. A Zapatero, que le reprochó al presidente del Gobierno su talante prepotente y ciertamente autoritario, no le importó cerrar filas con el PP en las denominadas cuestiones de Estado, mostrándose dispuesto a suscribir los pactos necesarios, pero se mostró inflexible ante la política social y económica de un Ejecutivo que gobierna a golpe de decreto y rentabilizó sin aspavientos la huelga general del 20-J y la frustración de miles de trabajadores ante la reforma laboral.
No lo ha tenido fácil el PSOE para llegar hasta aquí. La consolidación de Zapatero como líder de la oposición, un camino en el que destacados ‘barones’ socialistas han sucumbido estrepitosamente, no significa que además de alternativa, el candidato socialista tenga un programa que encandile a los electores, pero no era éste el foro más adecuado para exponer sus propuestas, que se irán concretando conforme se acerquen las sucesivas citas electorales y, sobre todo, las próximas municipales, auténtico barómetro donde se concretarán las posibilidades de que en efecto se pueda producir un relevo.
Aznar, que no cedió terreno y mantuvo la cada vez más reducida distancia que le conceden las encuestas, sí se mostró incómodo en el cara a cara frente a Zapatero, tras un discurso que más bien parecía una intervención propia de una investidura y un tono monótono y cansino que sólo cambió en los turnos de réplica. Especialmente brillante se mostró Aznar en la respuesta a Iñaki Anasagasti, sobre todo tras la sorprendente propuesta de tregua tras el órdago impresentable del ‘lehendakari’. La remodelación del Gobierno le sirvió de soporte para afianzar su posición y transmitir la sensación de que aún quedaba mucho por hacer en dos años de legislatura, aunque no pudo evitar que Zapatero le echase en cara que el cambio de ocho ministros no hacía sino confirmar la sospecha de que las cosas no se estaban haciendo bien, que el Ejecutivo había perdido el pulso y la iniciativa política. Zapatero deberá ahora aprovechar su ventaja tras romper la imagen de un Gobierno fuerte frente a una oposición a la deriva, para jugar sus bazas en una coyuntura en la que Aznar ha confirmado su marcha sin nombrar sucesor.

Volver al número actual


 
FRANCISCO CAPARRÓS: Perejil, Sahara, Ceuta y Melilla
MANUEL DOMÍNGUEZ:
La del alba sería...--
ANTONIO GÓMEZ RUFO:
La generación del cambio (IV)
ALBERTO VALVERDE:
Intento de marco eléctrico
FERNANDO REILEIN:
¿Y ahora qué?
EDITORIAL:
Zapatero pasa la reválida


Resolución mínima: 800x600 EDITORIAL 16
cambio16@cambio16.info