| EDITORIAL
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| Zapatero
pasa la reválida |
No
caba la menor duda de que el líder de la oposición,
José Luis Rodríguez Zapatero, ha superado con
nota la reválida del Debate sobre el estado de la nación,
confirmando que el PSOE, después de tantos devaneos e
incertidumbres, tiene un firme candidato a la Presidencia del
Gobierno y consolidando una alternativa de poder que había
sido cuestionada hasta el hartazgo por el PP y por José
María Aznar, quien se vio sorprendido por la agilidad,
frescura y responsabilidad de su oponente, quien no mostró
ningún reparo en secundar la acción del Gobierno
en cuestiones fundamentales, como la lucha contra el terrorismo,
la inmigración, el soberanismo insolente y el desafío
institucional del PNV o una política exterior sacudida
por la crisis diplomática con Marruecos y la inopinada
toma del islote Perejil. A Zapatero, que le reprochó
al presidente del Gobierno su talante prepotente y ciertamente
autoritario, no le importó cerrar filas con el PP en
las denominadas cuestiones de Estado, mostrándose dispuesto
a suscribir los pactos necesarios, pero se mostró inflexible
ante la política social y económica de un Ejecutivo
que gobierna a golpe de decreto y rentabilizó sin aspavientos
la huelga general del 20-J y la frustración de miles
de trabajadores ante la reforma laboral.
No lo ha tenido fácil el PSOE para llegar hasta aquí.
La consolidación de Zapatero como líder de la
oposición, un camino en el que destacados barones
socialistas han sucumbido estrepitosamente, no significa que
además de alternativa, el candidato socialista tenga
un programa que encandile a los electores, pero no era éste
el foro más adecuado para exponer sus propuestas, que
se irán concretando conforme se acerquen las sucesivas
citas electorales y, sobre todo, las próximas municipales,
auténtico barómetro donde se concretarán
las posibilidades de que en efecto se pueda producir un relevo.
Aznar, que no cedió terreno y mantuvo la cada vez más
reducida distancia que le conceden las encuestas, sí
se mostró incómodo en el cara a cara frente a
Zapatero, tras un discurso que más bien parecía
una intervención propia de una investidura y un tono
monótono y cansino que sólo cambió en los
turnos de réplica. Especialmente brillante se mostró
Aznar en la respuesta a Iñaki Anasagasti, sobre todo
tras la sorprendente propuesta de tregua tras el órdago
impresentable del lehendakari. La remodelación
del Gobierno le sirvió de soporte para afianzar su posición
y transmitir la sensación de que aún quedaba mucho
por hacer en dos años de legislatura, aunque no pudo
evitar que Zapatero le echase en cara que el cambio de ocho
ministros no hacía sino confirmar la sospecha de que
las cosas no se estaban haciendo bien, que el Ejecutivo había
perdido el pulso y la iniciativa política. Zapatero deberá
ahora aprovechar su ventaja tras romper la imagen de un Gobierno
fuerte frente a una oposición a la deriva, para jugar
sus bazas en una coyuntura en la que Aznar ha confirmado su
marcha sin nombrar sucesor. |
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